La prisa con la que vivimos no nos permite parar a reflexionar ni sobre lo que somos ni sobre lo que fuimos, y menos nos permite pensar en profundidad sobre lo que queremos ser ; los proyectos se evaporan en la agitación constante producto del ritmo desenfrenado con el que nos movemos en el mundo de la vida.
¿Cómo construir juntos el futuro si no podemos pensar en nuestro presente ni recordar nuestro pasado? Intentemos parar (escapando del ritmo impuesto por un sistema que nos corrompe) para hacernos las preguntas básicas y esenciales que siempre dan que pensar y son fecundas para la mejora de la vida ¿de donde vengo y cual es el origen de esta sociedad? ¿Cómo emerge y se desarrolla esto que parece, desde una mirada ingenua, que esta desde “siempre”? ¿Cómo estamos? ¿Están dadas las condiciones que posibilitarían una forma de existir diferente? ¿Hacia donde vamos? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Entre los múltiples caminos que podemos elegir, cuál es el mejor?
Los predicadores de la servidumbre voluntaria e “inconsciente” nos dicen que tenemos que vivir “sólo el ahora”, esta es una nueva forma de dominación que pretende controlarnos seduciéndonos. Pero no debemos permitir que el poder nos dirija y domine, somos capaces, tenemos poder, y podemos transformar esto que parece ser inmodificable. No sirven las reformas, se requiere una revolución. ¿Cómo llegar a ella? ¿Con que medios? ¡Con que ideología orientarnos? ¿Qué valores nos guiaran?_ esto no se puede responder fácilmente, pero estas preguntas dan que pensar. Lo que se requiere es pensar, pero no solo con la fría razón, sino teniendo en cuenta la totalidad de elementos que nos constituyen como seres humanos. Emancipemos de la razón calculadora que tiene incorporada a la sociedad burguesa, vayamos mas allá, usemos la imaginación, la esperanza realista y todos nuestros sentidos y sentimientos. Animémonos a florecer , el agua y el sol llegaran luego……
hola soy iván, estudiante de sociologia en la UBA(argentina) Y también de un profesorado de filosofia (instituto joaquín gonzalez).Este es un espacio en donde deseo exponer mis reflexiones, Pero, además, difundir el pensamiento de grandes pensadores. Todo lo que se expone es con el proposito de reflexionar para poder Cambiar los valores de esclavos por valores de seres libres; ya que considero que este es el mejor camino para alcanzar el anhelado tesoro que llamamos libertad.
El poder de la voluntad es superior a la voluntad del poder de hacernos perder la voluntad.
La vida en si misma no tiene sentido ni valor ni finalidad, solo nosotros a lo largo de nuestra existencia le brindamos un sentido, le damos un valor y le asignamos una finalidad. Todo lo que nos dicen que debe ser la vida, carece de "valor y sentido"; la vida debe ser lo que elijamos que sea.
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domingo, 22 de mayo de 2011
miércoles, 11 de mayo de 2011
Anarquismo: Utopía u opción real, viable y deseable
Dicen que pretender una sociedad igualitaria, justa, basada en otros valores radicalmente diferentes, con formas de vida inéditas y sin opresión es imposible. ¿Quiénes dicen esto? los adultos y viejos desesperanzados y decadentes de todas las clases, los conformistas, los privilegiados, los medios burgueses que tienen intereses y privilegios específicos. ¿que importan ellos? nosotros somos el futuro, los que no luchan por construir un futuro que deje atrás este lamentable presente , no tienen derecho a impedir el desarrollo de nuevas formas de vida.
¿La solución puede ser desarrollar el capitalismo hasta que todos lleguemos al lamentable bienestar de la sociedad burguesa? _ no, por ese sendero se llega a la destrucción de este mundo, nuestro mundo (mientras continua la opresión). Es evidente que la naturaleza no soportaría el crecimiento de la industria y del consumismo humano que destruye velozmente a los recursos naturales y favorece desastres naturales. Además: ¿el bienestar esta en tener mas cosas superfluas? ¿acaso el bienestar no se obtiene siendo dueños de nuestros destinos, eligiendo como vivir, reconciliándonos con la naturaleza, amando libremente, desarrollándonos interiormente, gozando junto a nuestros hermanos humanos en igualdad de condiciones, soñando , creando, etc.?
Por eso a los que dicen que el anarquismo es una utopía; yo les digo que la utopía es creer que se puede alcanzar un real bienestar en esta sociedad basada en la explotación y destrucción de la humanidad y la naturaleza. Ser “felices” en una sociedad capitalista es una ilusión u utopía. En cambio luchar por crear otra forma de vida es una opción realista y deseable. Las condiciones de desarrollo económicas, junto a los conocimientos que logramos acumular, lo permitirían.
Solo deseando lo “imposible”, se hace viable lo que parece inalcanzable. Solo rebelándonos y resistiendo la colonización llegaremos a alcanzar algo diferente y nos salvaremos a nosotros mismos y al medio natural que nos rodea. A los predicadores de la muerte en vida les digo: prefiero vivir resistiendo la injusticia, eligiendo la rebelión a seguir padeciendo, y oponiéndome con fuerza al avance de la barbarie de la civilización capitalista. Debemos transformar a la sociedad mientras nos transformamos a nosotros mismos, el cambio interior y exterior van juntos, mientras nos cambiamos a nosotros mismos alteramos la sociedad, y cuando transformamos la sociedad transformamos a la humanidad.
Los y las anarquista son realistas, pues saben que el camino que elige es más difícil de seguir y parece muy lejano, pero sabe que solo este sendero brillante puede conducirnos a una vida que nos eleve a condiciones superiores de vida, es decir a un bienestar general basado en la libertad individual y responsabilidad. Ya que si se quiere ser libre y liberar simultáneamente al resto de la humanidad, entonces se debe aspirar a construir la sociedad libertaria.
¡La libertad sin igualdad es privilegio, y la igualdad sin libertad es tiranía!!!
¿La solución puede ser desarrollar el capitalismo hasta que todos lleguemos al lamentable bienestar de la sociedad burguesa? _ no, por ese sendero se llega a la destrucción de este mundo, nuestro mundo (mientras continua la opresión). Es evidente que la naturaleza no soportaría el crecimiento de la industria y del consumismo humano que destruye velozmente a los recursos naturales y favorece desastres naturales. Además: ¿el bienestar esta en tener mas cosas superfluas? ¿acaso el bienestar no se obtiene siendo dueños de nuestros destinos, eligiendo como vivir, reconciliándonos con la naturaleza, amando libremente, desarrollándonos interiormente, gozando junto a nuestros hermanos humanos en igualdad de condiciones, soñando , creando, etc.?
Por eso a los que dicen que el anarquismo es una utopía; yo les digo que la utopía es creer que se puede alcanzar un real bienestar en esta sociedad basada en la explotación y destrucción de la humanidad y la naturaleza. Ser “felices” en una sociedad capitalista es una ilusión u utopía. En cambio luchar por crear otra forma de vida es una opción realista y deseable. Las condiciones de desarrollo económicas, junto a los conocimientos que logramos acumular, lo permitirían.
Solo deseando lo “imposible”, se hace viable lo que parece inalcanzable. Solo rebelándonos y resistiendo la colonización llegaremos a alcanzar algo diferente y nos salvaremos a nosotros mismos y al medio natural que nos rodea. A los predicadores de la muerte en vida les digo: prefiero vivir resistiendo la injusticia, eligiendo la rebelión a seguir padeciendo, y oponiéndome con fuerza al avance de la barbarie de la civilización capitalista. Debemos transformar a la sociedad mientras nos transformamos a nosotros mismos, el cambio interior y exterior van juntos, mientras nos cambiamos a nosotros mismos alteramos la sociedad, y cuando transformamos la sociedad transformamos a la humanidad.
Los y las anarquista son realistas, pues saben que el camino que elige es más difícil de seguir y parece muy lejano, pero sabe que solo este sendero brillante puede conducirnos a una vida que nos eleve a condiciones superiores de vida, es decir a un bienestar general basado en la libertad individual y responsabilidad. Ya que si se quiere ser libre y liberar simultáneamente al resto de la humanidad, entonces se debe aspirar a construir la sociedad libertaria.
¡La libertad sin igualdad es privilegio, y la igualdad sin libertad es tiranía!!!
miércoles, 16 de marzo de 2011
El oscuro y peligroso sendero.
Senderos oscuros llevan a la liberación
Pero los murciélagos aman la oscuridad
¡y yo soy un murciélago, no un ciudadano!
Buscábamos bienestar y solo logramos
la dictadura de la moral y el “progreso”
No quiero esa triste felicidad, por eso
Reivindico el oscuro y complejo camino
contra los que hablan del bienestar general
Esas niñas-mujeres superfluas
Escapan de ellas mismas ¡temen!
¿Qué temen? ¡a la angustiante libertad!
Tienen demasiado miedo de ser autenticas
No pueden ni quieren ser más espontáneas
Se creen superiores solo por ser excéntricas
Mi lamento por la miseria humana adquirida
Es anhelo de la belleza de la naturaleza perdida
Prefiero la vida sencilla
a la infelicidad sencilla
Ellos llaman bienestar
A la extensión de la desdicha
Ellos denominan amor
A lo que es opresión
Solo falta que llamen calor
A aquello que nos congela
¿Para qué quejarse? ¡Para seguir viviendo!
Esos indiferentes parecen cadáveres
Abatidos seres que hablan y ríen
No quieren luchar, prefieren “disfrutar”
¡Que original y extraño es en ellos
Disfrutar de la lamentable miseria cotidiana!
Ellos nos moldean, pues ¡rompamos los moldes!
¡Que no nos configuren ¡ ¡desfigurémonos ya!
Alterémonos, desobedezcámonos o suicidémonos
¡Basta de amor a la opresión! ¡Reivindiquémonos!
Reivindiquemos la vida, despreciemos esta realidad
¡Reconstruyamos y modifiquemos ya nuestro mundo!
¿Por qué? porque es posible, impostergable y deseable
¿Qué esperamos? La otra vida es una ilusión sin rumbo
Un inventado consuelo divino, para que no comprendamos
Y para que no actuemos: es un nocivo tranquilizante.
¡Basta de esquivar nuestras peligrosas aventuras!
El peligro y la “imposibilidad” nos motivaran
Un largo sendero lleno de peligrosos obstáculos
Tendremos que superar. ¿para qué? no lo sé
Si lo supiera, estaría negando la contingencia del devenir
Pero lo bello de este camino consiste en que es azaroso
No es necesario, sólo es imaginable el lejano porvenir
Mejor intentar lo imposible que vivir atrapados en lo posible
Pero los murciélagos aman la oscuridad
¡y yo soy un murciélago, no un ciudadano!
Buscábamos bienestar y solo logramos
la dictadura de la moral y el “progreso”
No quiero esa triste felicidad, por eso
Reivindico el oscuro y complejo camino
contra los que hablan del bienestar general
Esas niñas-mujeres superfluas
Escapan de ellas mismas ¡temen!
¿Qué temen? ¡a la angustiante libertad!
Tienen demasiado miedo de ser autenticas
No pueden ni quieren ser más espontáneas
Se creen superiores solo por ser excéntricas
Mi lamento por la miseria humana adquirida
Es anhelo de la belleza de la naturaleza perdida
Prefiero la vida sencilla
a la infelicidad sencilla
Ellos llaman bienestar
A la extensión de la desdicha
Ellos denominan amor
A lo que es opresión
Solo falta que llamen calor
A aquello que nos congela
¿Para qué quejarse? ¡Para seguir viviendo!
Esos indiferentes parecen cadáveres
Abatidos seres que hablan y ríen
No quieren luchar, prefieren “disfrutar”
¡Que original y extraño es en ellos
Disfrutar de la lamentable miseria cotidiana!
Ellos nos moldean, pues ¡rompamos los moldes!
¡Que no nos configuren ¡ ¡desfigurémonos ya!
Alterémonos, desobedezcámonos o suicidémonos
¡Basta de amor a la opresión! ¡Reivindiquémonos!
Reivindiquemos la vida, despreciemos esta realidad
¡Reconstruyamos y modifiquemos ya nuestro mundo!
¿Por qué? porque es posible, impostergable y deseable
¿Qué esperamos? La otra vida es una ilusión sin rumbo
Un inventado consuelo divino, para que no comprendamos
Y para que no actuemos: es un nocivo tranquilizante.
¡Basta de esquivar nuestras peligrosas aventuras!
El peligro y la “imposibilidad” nos motivaran
Un largo sendero lleno de peligrosos obstáculos
Tendremos que superar. ¿para qué? no lo sé
Si lo supiera, estaría negando la contingencia del devenir
Pero lo bello de este camino consiste en que es azaroso
No es necesario, sólo es imaginable el lejano porvenir
Mejor intentar lo imposible que vivir atrapados en lo posible
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SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA,
transmutacion de valores
miércoles, 27 de octubre de 2010
Aforismos que nacen de experiencias anormales, que emergen del desenfreno del pensamiento.
*Deberíamos expropiarnos a nosotros mismos, quizás así: desnudos, indigentes y desorientados en el abismo de lo absurdo nos encontremos a nosotros mismos; en la carencia y el despojo hallaríamos la riqueza, en la desnudez la liberación de la inhibición y en el amor a la simple existencia autentica la salvación de la perdición.
* Vida llena de enigmas y absurda, deseo con fuerza encontrarte para perder mi conciencia en tu misteriosa esencia.
Este es un poema que le escribi a una querida "amiga":
Que amable es la amargura de la fusión fallida de horizontes
Me deja triste, solo y desconcertado, pero aún con esperanzas
La hipocresía e inhibición se apoderan de mi deseo de sinceridad
Ho, Cobardía para amar con pasión que denominamos amistad
¿Donde esta el sendero que me aleje por un rato de la soledad?
Espero tu llegada, con tu mirada brillante, bella y atrapante
¡Ven a mi! deseo tu presencia para lograr la trascendencia
Perdida del sentido de realidad llamada belleza excesiva
¿Donde estas? ¡Quiero perder mi yo en tu pequeño cuerpo!
Que débil es mi razón ante la invasión de la pasión
Ya no se como alejar de mi lado a la autodestrucción
Quisiera huir lejos de todo para perderme en la nada
Ya perdí las certezas, me robaste mi última convicción
Me quedan mis ideas, mis versos, mi digna pobreza y
Los sueños desenfrenados que emergen en un día agitado
¡Déjame en paz! deseo absurdo que sólo anhela placer
* Vida llena de enigmas y absurda, deseo con fuerza encontrarte para perder mi conciencia en tu misteriosa esencia.
Este es un poema que le escribi a una querida "amiga":
Que amable es la amargura de la fusión fallida de horizontes
Me deja triste, solo y desconcertado, pero aún con esperanzas
La hipocresía e inhibición se apoderan de mi deseo de sinceridad
Ho, Cobardía para amar con pasión que denominamos amistad
¿Donde esta el sendero que me aleje por un rato de la soledad?
Espero tu llegada, con tu mirada brillante, bella y atrapante
¡Ven a mi! deseo tu presencia para lograr la trascendencia
Perdida del sentido de realidad llamada belleza excesiva
¿Donde estas? ¡Quiero perder mi yo en tu pequeño cuerpo!
Que débil es mi razón ante la invasión de la pasión
Ya no se como alejar de mi lado a la autodestrucción
Quisiera huir lejos de todo para perderme en la nada
Ya perdí las certezas, me robaste mi última convicción
Me quedan mis ideas, mis versos, mi digna pobreza y
Los sueños desenfrenados que emergen en un día agitado
¡Déjame en paz! deseo absurdo que sólo anhela placer
jueves, 7 de octubre de 2010
Sartre: libertad y angustia en el existencialismo ateo
Libertad
Para Sartre, la categoría antropológica fundamental, el rasgo más típicamente humano.
la idea del hombre como un ser libre es una consecuencia inevitable del ateísmo. Según Sartre, los que conciben a Dios como creador lo identifican con un artesano superior, el artesano del mundo: cuando Dios crea las cosas del mundo las crea a partir de la idea que se ha hecho de ellas, del mismo modo que el artesano crea un libro a partir de la idea que de él se ha formado, y por ello el hombre individual es una realización del concepto de hombre que Dios tiene en su mente. En la Edad Moderna la noción de Dios entra en crisis, pero no ocurre lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia; y, en el caso concreto del hombre, se sigue pensando que existe la naturaleza humana, y a cada hombre como un ejemplo del concepto hombre, exactamente igual que cada libro concreto es un ejemplo del concepto libro. El existencialismo, añade Sartre, es un ateísmo coherente, pues afirma que “si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre... ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después y será tal como se haya hecho. Así pues no hay naturaleza, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere y como se concibe después de la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo.” Con estas tesis Sartre declara la peculiar posición del hombre respecto del resto de seres: empieza existiendo, no teniendo un ser propio, empieza siendo una nada, y se construye a sí mismo a partir de sus proyectos; el hombre es lo que ha proyectado ser. De este modo, Sartre relaciona la libertad con la falta de naturaleza: tener una naturaleza o esencia implica que el ámbito de conductas posibles están ya determinadas; que algo tenga una naturaleza quiere decir que el tipo de conductas posibles que le pueden acaecer está restringida o limitada por su propio ser; pero el hombre no tiene naturaleza, no tiene una esencia, por lo que es libre y es lo que él mismo ha decidido ser.
En “El existencialismo es un humanismo”,Sartre dice: "no se nace héroe o cobarde, al héroe siempre le es posible dejar de serlo, como al cobarde superar su condición". Estamos condenados a ser libres: condenados porque no nos hemos dado a nosotros mismos la libertad, no nos hemos creado, no somos libres de dejar de ser libres. Aunque todo hombre está en una situación, nunca ella le determina, antes bien, la libertad se presenta como el modo de enfrentarse a la situación (al entorno, el prójimo, el pasado). Ni siquiera los valores, la ética, se presentan como un límite de la libertad, pues en realidad, dice Sartre, los valores no existen antes de que nosotros los queramos, no existen los valores como realidades independientes de nuestra voluntad, los valores morales los crea nuestra determinación de hacer real tal o cual estado de cosas. Al escoger unos valores en vez de otros, la voluntad les da realidad. La libertad se refiere a los actos y voliciones particulares, pero más aún a la elección del perfil básico de mí mismo, del proyecto fundamental de mi existencia, proyecto que se realiza con las voliciones particulares.
Esta idea sartriana tiene dos importantes consecuencias:
hace al hombre radicalmente responsable: no tenemos excusas, lo que somos es una consecuencia de nuestra propia libertad de elección; somos responsables de nosotros mismos, pero también del resto de la humanidad; lo que trae consigo el sentimiento de angustia y, en los casos de huida de la responsabilidad, la conducta de mala fe;
hace del existencialismo una filosofía de la acción: de forma un tanto paradójica el existencialismo se presenta como una filosofía optimista; paradójica puesto que parecería que al declarar el carácter absurdo de la vida, el ser el hombre “una pasión inútil”, podría fomentar la pasividad, la quietud, pero dado que el hombre es lo que él mismo se ha hecho, dado que se declara que cada hombre es la suma de sus actos y nada más, nos incita a la acción, a ser más de lo que somos: no existe ningún ser que nos haya creado y que dirija nuestra conducta de uno u otro modo.
La reivindicación sartriana de la libertad es tan radical que le lleva a negar cualquier género de determinismo. No cree en el determinismo teológico, ni biológico ni social: ni Dios nos ha dado un destino irremediable, ni la Naturaleza ni la sociedad determinan absolutamente nuestras posibilidades, nuestra conducta. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos. Los fines que perseguimos no nos vienen dados ni del exterior ni del interior, de una supuesta naturaleza, es nuestra libertad la que los elige.
AngustiaSentimiento que acompaña invariablemente al hombre pues es expresión de la conciencia de su inevitable libertad.
Para Sartre la libertad es la categoría antropológica fundamental: el hombre no es consecuencia de determinismo alguno, ni biológico, ni histórico, ni social, ni teológico; es una consecuencia de lo que él mismo ha decidido ser. Y este ser autor o responsable radical de uno mismo tiene varias efectos en el ámbito de los sentimientos; en “El existencialismo es un humanismo” describe tres afectos que acompañan a la libertad: la angustia, el desamparo y la desesperación.
La angustia: es el sentimiento más importante, hasta el punto de que Sartre llega a declarar que el hombre es angustia. Distingue la angustia del mero miedo: el miedo aparece ante un peligro concreto y se relaciona con el daño o supuesto daño que la realidad nos puede infligir; la angustia no es por ningún motivo concreto, ni de ningún objeto externo, es miedo de uno mismo, de nuestras decisiones, de las consecuencias de nuestras decisiones. Es la emoción o sentimiento que sobreviene con la conciencia de la libertad: al darnos cuenta de nuestra libertad nos damos cuenta de que lo que somos y lo que vamos a ser depende de nosotros mismos, de que somos responsables de nosotros mismos y no tenemos excusas; la angustia aparece al sentirnos responsables radicales de nuestra propia existencia. Es muy importante también recordar que para Sartre esta conciencia de la responsabilidad se incrementa al darnos cuenta de que nuestra elección no se refiere solo a la esfera puramente individual: todo lo que hacemos tiene una dimensión social; cuando elegimos un proyecto vital estamos eligiendo un modelo de humanidad, no se puede elegir una forma de vida y creer que ésta vale sólo y exclusivamente para nosotros, no se puede desatender a la pregunta ¿y si todo el mundo hiciera lo mismo? Al elegir, afirma Sartre, nos convertimos en legisladores, por ello siempre nos deberíamos decir: “dado que con mi acción supongo que todo hombre debe actuar así, ¿tengo derecho a que todo hombre actúe así?”. Sartre nos recuerda que el sentimiento de angustia lo conocen todas las personas que tienen responsabilidades, y cita el caso del jefe militar que decide enviar a sus hombres al combate, sabiendo que tal vez los envía a la muerte; él es responsable del ataque, elige esta acción y la decide en soledad.
Podría parecer que la angustia, como miedo ante la elección de una posibilidad, lleva al quietismo o la inacción, pero, señala Sartre, esto no es así, al contrario: la angustia es expresión o condición de la acción misma pues si no tuviésemos que elegir no nos sentiríamos responsables ni tendríamos angustia. La angustia acompaña siempre al hombre, no sólo en los casos de decisiones extremas; sin embargo, cuando examinamos nuestra conciencia observamos que muy pocas veces sentimos angustia. Sartre explica esta circunstancia indicando que en estos casos lo que hacemos es huir de ella adoptando conductas de mala fe, no creyéndonos responsables de nuestras acciones.
El desamparo: este sentimiento es una consecuencia de la conciencia de la radical soledad en la que nos encontramos cuando decidimos: el elegir es inevitable, personal e intransferible. No podemos dejar de elegir (incluso cuando optamos por no elegir, elegimos no elegir, elegimos dejarnos llevar por la circunstancia, la pasión o la legalidad); somos nosotros los que elegimos: no vale excusarse indicando que estamos cumpliendo una orden de un superior o un mandato del Estado, siempre podríamos no hacerlo; sólo si no aceptamos nuestra libertad, sólo si nos consideramos como un eslabón más en la cadena causal de las cosas podemos creer que la elección viene de fuera, pero esto es una trampa, es una conducta de mala fe. No cabe refugiarse en la excusa de la fuerza de una pasión, o de la presión de una circunstancia o de la autoridad: somos libres, estamos condenados a ser libres, a elegir, y lo que hacemos depende de nosotros y sólo de nosotros. Nuestra decisión es intransferible y se hace en soledad también en otro sentido: los valores que dirigen nuestra elección los elegimos nosotros, o mejor, los inventamos: no existe una tabla de valores absoluta en la que podamos consultar lo correcto o incorrecto de nuestra decisión, en la que podamos apoyar nuestro juicio moral. Dios no existe, y por no existir Dios no existen valores morales absolutos, independientes de nuestra subjetividad, a priori: “en ningún sitio está escrito lo que debemos hacer; estamos en el plano de lo humano”; Sartre recuerda la frase de Dostoievsky “si Dios no existiera, todo estaría permitido” y declara que éste es el punto de partida del existencialismo. Todo está permitido si Dios no existe, y no hay excusas de ningún tipo para nuestras acciones. Ninguna moral puede presentar con detalle la conducta que debemos realizar, solo nos cabe inventarnos nuestra moral “el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre”.
La desesperación surge en relacion con que: "debemos comprometernos con un proyecto, debemos elegir nuestro ser, y esta elección no debe descansar en la esperanza de su realización inevitable pues sólo podemos contar con lo que depende de nuestra voluntad: el mundo no se acomoda necesariamente a nuestra voluntad, siempre hay factores imprevistos, siempre es posible que se trueque nuestra intención en algo totalmente distinto a lo previsto".
Esta filosofía de vida no es compatible con auqeellas personas que tienen miedo a la libertad, es por lo tanto, una filosofia para voluntades fuertes. Aceptar la libertad, como la entiende el existencialismo ateo, implica una transmutación radical de los valores vigentes... ¿te animas a recorrer este peligroso camino; a vivir en la incertidumbre de una aventura peligrosa propia de una existencia auténtica?
Para Sartre, la categoría antropológica fundamental, el rasgo más típicamente humano.
la idea del hombre como un ser libre es una consecuencia inevitable del ateísmo. Según Sartre, los que conciben a Dios como creador lo identifican con un artesano superior, el artesano del mundo: cuando Dios crea las cosas del mundo las crea a partir de la idea que se ha hecho de ellas, del mismo modo que el artesano crea un libro a partir de la idea que de él se ha formado, y por ello el hombre individual es una realización del concepto de hombre que Dios tiene en su mente. En la Edad Moderna la noción de Dios entra en crisis, pero no ocurre lo mismo con la idea de que la esencia precede a la existencia; y, en el caso concreto del hombre, se sigue pensando que existe la naturaleza humana, y a cada hombre como un ejemplo del concepto hombre, exactamente igual que cada libro concreto es un ejemplo del concepto libro. El existencialismo, añade Sartre, es un ateísmo coherente, pues afirma que “si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre... ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después y será tal como se haya hecho. Así pues no hay naturaleza, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere y como se concibe después de la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo.” Con estas tesis Sartre declara la peculiar posición del hombre respecto del resto de seres: empieza existiendo, no teniendo un ser propio, empieza siendo una nada, y se construye a sí mismo a partir de sus proyectos; el hombre es lo que ha proyectado ser. De este modo, Sartre relaciona la libertad con la falta de naturaleza: tener una naturaleza o esencia implica que el ámbito de conductas posibles están ya determinadas; que algo tenga una naturaleza quiere decir que el tipo de conductas posibles que le pueden acaecer está restringida o limitada por su propio ser; pero el hombre no tiene naturaleza, no tiene una esencia, por lo que es libre y es lo que él mismo ha decidido ser.
En “El existencialismo es un humanismo”,Sartre dice: "no se nace héroe o cobarde, al héroe siempre le es posible dejar de serlo, como al cobarde superar su condición". Estamos condenados a ser libres: condenados porque no nos hemos dado a nosotros mismos la libertad, no nos hemos creado, no somos libres de dejar de ser libres. Aunque todo hombre está en una situación, nunca ella le determina, antes bien, la libertad se presenta como el modo de enfrentarse a la situación (al entorno, el prójimo, el pasado). Ni siquiera los valores, la ética, se presentan como un límite de la libertad, pues en realidad, dice Sartre, los valores no existen antes de que nosotros los queramos, no existen los valores como realidades independientes de nuestra voluntad, los valores morales los crea nuestra determinación de hacer real tal o cual estado de cosas. Al escoger unos valores en vez de otros, la voluntad les da realidad. La libertad se refiere a los actos y voliciones particulares, pero más aún a la elección del perfil básico de mí mismo, del proyecto fundamental de mi existencia, proyecto que se realiza con las voliciones particulares.
Esta idea sartriana tiene dos importantes consecuencias:
hace al hombre radicalmente responsable: no tenemos excusas, lo que somos es una consecuencia de nuestra propia libertad de elección; somos responsables de nosotros mismos, pero también del resto de la humanidad; lo que trae consigo el sentimiento de angustia y, en los casos de huida de la responsabilidad, la conducta de mala fe;
hace del existencialismo una filosofía de la acción: de forma un tanto paradójica el existencialismo se presenta como una filosofía optimista; paradójica puesto que parecería que al declarar el carácter absurdo de la vida, el ser el hombre “una pasión inútil”, podría fomentar la pasividad, la quietud, pero dado que el hombre es lo que él mismo se ha hecho, dado que se declara que cada hombre es la suma de sus actos y nada más, nos incita a la acción, a ser más de lo que somos: no existe ningún ser que nos haya creado y que dirija nuestra conducta de uno u otro modo.
La reivindicación sartriana de la libertad es tan radical que le lleva a negar cualquier género de determinismo. No cree en el determinismo teológico, ni biológico ni social: ni Dios nos ha dado un destino irremediable, ni la Naturaleza ni la sociedad determinan absolutamente nuestras posibilidades, nuestra conducta. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos. Los fines que perseguimos no nos vienen dados ni del exterior ni del interior, de una supuesta naturaleza, es nuestra libertad la que los elige.
AngustiaSentimiento que acompaña invariablemente al hombre pues es expresión de la conciencia de su inevitable libertad.
Para Sartre la libertad es la categoría antropológica fundamental: el hombre no es consecuencia de determinismo alguno, ni biológico, ni histórico, ni social, ni teológico; es una consecuencia de lo que él mismo ha decidido ser. Y este ser autor o responsable radical de uno mismo tiene varias efectos en el ámbito de los sentimientos; en “El existencialismo es un humanismo” describe tres afectos que acompañan a la libertad: la angustia, el desamparo y la desesperación.
La angustia: es el sentimiento más importante, hasta el punto de que Sartre llega a declarar que el hombre es angustia. Distingue la angustia del mero miedo: el miedo aparece ante un peligro concreto y se relaciona con el daño o supuesto daño que la realidad nos puede infligir; la angustia no es por ningún motivo concreto, ni de ningún objeto externo, es miedo de uno mismo, de nuestras decisiones, de las consecuencias de nuestras decisiones. Es la emoción o sentimiento que sobreviene con la conciencia de la libertad: al darnos cuenta de nuestra libertad nos damos cuenta de que lo que somos y lo que vamos a ser depende de nosotros mismos, de que somos responsables de nosotros mismos y no tenemos excusas; la angustia aparece al sentirnos responsables radicales de nuestra propia existencia. Es muy importante también recordar que para Sartre esta conciencia de la responsabilidad se incrementa al darnos cuenta de que nuestra elección no se refiere solo a la esfera puramente individual: todo lo que hacemos tiene una dimensión social; cuando elegimos un proyecto vital estamos eligiendo un modelo de humanidad, no se puede elegir una forma de vida y creer que ésta vale sólo y exclusivamente para nosotros, no se puede desatender a la pregunta ¿y si todo el mundo hiciera lo mismo? Al elegir, afirma Sartre, nos convertimos en legisladores, por ello siempre nos deberíamos decir: “dado que con mi acción supongo que todo hombre debe actuar así, ¿tengo derecho a que todo hombre actúe así?”. Sartre nos recuerda que el sentimiento de angustia lo conocen todas las personas que tienen responsabilidades, y cita el caso del jefe militar que decide enviar a sus hombres al combate, sabiendo que tal vez los envía a la muerte; él es responsable del ataque, elige esta acción y la decide en soledad.
Podría parecer que la angustia, como miedo ante la elección de una posibilidad, lleva al quietismo o la inacción, pero, señala Sartre, esto no es así, al contrario: la angustia es expresión o condición de la acción misma pues si no tuviésemos que elegir no nos sentiríamos responsables ni tendríamos angustia. La angustia acompaña siempre al hombre, no sólo en los casos de decisiones extremas; sin embargo, cuando examinamos nuestra conciencia observamos que muy pocas veces sentimos angustia. Sartre explica esta circunstancia indicando que en estos casos lo que hacemos es huir de ella adoptando conductas de mala fe, no creyéndonos responsables de nuestras acciones.
El desamparo: este sentimiento es una consecuencia de la conciencia de la radical soledad en la que nos encontramos cuando decidimos: el elegir es inevitable, personal e intransferible. No podemos dejar de elegir (incluso cuando optamos por no elegir, elegimos no elegir, elegimos dejarnos llevar por la circunstancia, la pasión o la legalidad); somos nosotros los que elegimos: no vale excusarse indicando que estamos cumpliendo una orden de un superior o un mandato del Estado, siempre podríamos no hacerlo; sólo si no aceptamos nuestra libertad, sólo si nos consideramos como un eslabón más en la cadena causal de las cosas podemos creer que la elección viene de fuera, pero esto es una trampa, es una conducta de mala fe. No cabe refugiarse en la excusa de la fuerza de una pasión, o de la presión de una circunstancia o de la autoridad: somos libres, estamos condenados a ser libres, a elegir, y lo que hacemos depende de nosotros y sólo de nosotros. Nuestra decisión es intransferible y se hace en soledad también en otro sentido: los valores que dirigen nuestra elección los elegimos nosotros, o mejor, los inventamos: no existe una tabla de valores absoluta en la que podamos consultar lo correcto o incorrecto de nuestra decisión, en la que podamos apoyar nuestro juicio moral. Dios no existe, y por no existir Dios no existen valores morales absolutos, independientes de nuestra subjetividad, a priori: “en ningún sitio está escrito lo que debemos hacer; estamos en el plano de lo humano”; Sartre recuerda la frase de Dostoievsky “si Dios no existiera, todo estaría permitido” y declara que éste es el punto de partida del existencialismo. Todo está permitido si Dios no existe, y no hay excusas de ningún tipo para nuestras acciones. Ninguna moral puede presentar con detalle la conducta que debemos realizar, solo nos cabe inventarnos nuestra moral “el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre”.
La desesperación surge en relacion con que: "debemos comprometernos con un proyecto, debemos elegir nuestro ser, y esta elección no debe descansar en la esperanza de su realización inevitable pues sólo podemos contar con lo que depende de nuestra voluntad: el mundo no se acomoda necesariamente a nuestra voluntad, siempre hay factores imprevistos, siempre es posible que se trueque nuestra intención en algo totalmente distinto a lo previsto".
Esta filosofía de vida no es compatible con auqeellas personas que tienen miedo a la libertad, es por lo tanto, una filosofia para voluntades fuertes. Aceptar la libertad, como la entiende el existencialismo ateo, implica una transmutación radical de los valores vigentes... ¿te animas a recorrer este peligroso camino; a vivir en la incertidumbre de una aventura peligrosa propia de una existencia auténtica?
lunes, 27 de septiembre de 2010
Marx y la religión
“La religión es el opio de los pueblos”
ALIENACIÓN RELIGIOSA
LA RELIGIÓN ES UNA FORMA DE ALIENACIÓN PORQUE ES UNA INVENCIÓN HUMANA QUE CONSUELA AL HOMBRE DE LOS SUFRIMIENTOS EN ESTE MUNDO, DISMINUYE LA CAPACIDAD REVOLUCIONARIA PARA TRANSFORMAR LA AUTÉNTICA CAUSA DEL SUFRIMIENTO (QUE HAY QUE SITUAR EN LA EXPLOTACIÓN ECONÓMICA DE UNA CLASE SOCIAL POR OTRA), Y, ADEMÁS, LA MAYORIA DE LAS RELIGIONES LEGITIMAN DICHA OPRESIÓN. Marx considera que la experiencia religiosa no es una experiencia de algo realmente existente. Pero La religión tiene que ser estudiada objetivamente, esto quiere decir que, desde su punto de vista, tenemos que estudiar la religión como estudiamos cualquier otra manifestación humana, tratando de ver su relación con otras experiencias humanas y, particularmente, en relación con las condiciones económicas y sociales de la sociedad que la ha gestado. En esta línea, Marx critica la religión por considerarla una forma de alienación. La religión es una forma de alienación en tres sentidos:
• por una parte porque es una experiencia de algo irreal, es una experiencia de algo que no existe. Siguiendo a Feuerbach, Marx considera que no es Dios quien crea al hombre sino el hombre a Dios. Recordemos el esquema básico de toda alienación: el sujeto realiza una actividad que le hace perder su propia identidad, su propio ser; bien por su actividad, bien por el objeto creado mediante ella, en la alienación el sujeto se anula a sí mismo. Según Marx, esto es precisamente lo que ocurre en la religión: el hombre toma lo que considera mejor de sí mismo (voluntad, inteligencia, bondad, ...) y lo proyecta fuera de sí, en el ámbito de lo infinito; a su vez, esta proyección se vive como una realidad que se enfrenta al propio sujeto que la ha creado. Si la religión supone la existencia de Dios como algo infinito, lo hace oponiendo a ella el mundo finito, incluido el hombre mismo, desvalorizando su propio ser y su propio destino, desvalorizando el mundo humano frente a la calidad absoluta de la realidad trascendente o divina, realidad, por otra parte, dice Marx, meramente inventada por el hombre;
• pero la religión también es alienación porque desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la finitud expresado en la vida social y económica. Al consolar al hombre del sufrimiento que en este mundo le toca vivir, sugiriendo en él que en el otro mundo le corresponderá la justicia y la felicidad plena, le resta capacidad, energía y determinación para cambiar las situaciones sociales, políticas y económicas que son las realmente culpables de su sufrimiento. En este sentido Marx dice que la religión es el “opio del pueblo”, pues, en definitiva, adormece el espíritu revolucionario que de otro modo tendría el ser humano;
• finalmente, su crítica a la religión se extiende también al hecho de que la religión suele tomar partido, pero no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre otro.
Por las razones citadas, Marx consideró que era necesaria la superación de la religión y que ésta pasa realmente por la superación del sistema de clases sociales: la diferencia con respecto a Feuerbach se centra precisamente en esta cuestión, pues para Feuerbach la supresión de la religión era posible con su superación intelectual, con la crítica filosófica a la religión; Marx creyó que era necesario, además y fundamentalmente, la modificación de las condiciones económicas que la han hecho posible, es decir, la desaparición del orden social creado a partir de la existencia de la propiedad privada. En la sociedad comunista no existirá la religión pues en esta sociedad no existirá la alienación, y ya se ha dicho que la religión aparece como consecuencia de la alienación.
Marx, crítica a la religión por ser expresión de la alienación humana y sostiene la defensa del hombre ante toda forma de divinidad alienante.
"El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre... La miseria religiosa es, de una parte, la expresión de la miseria real, y, de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu.
Karl Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel
ALIENACIÓN RELIGIOSA
LA RELIGIÓN ES UNA FORMA DE ALIENACIÓN PORQUE ES UNA INVENCIÓN HUMANA QUE CONSUELA AL HOMBRE DE LOS SUFRIMIENTOS EN ESTE MUNDO, DISMINUYE LA CAPACIDAD REVOLUCIONARIA PARA TRANSFORMAR LA AUTÉNTICA CAUSA DEL SUFRIMIENTO (QUE HAY QUE SITUAR EN LA EXPLOTACIÓN ECONÓMICA DE UNA CLASE SOCIAL POR OTRA), Y, ADEMÁS, LA MAYORIA DE LAS RELIGIONES LEGITIMAN DICHA OPRESIÓN. Marx considera que la experiencia religiosa no es una experiencia de algo realmente existente. Pero La religión tiene que ser estudiada objetivamente, esto quiere decir que, desde su punto de vista, tenemos que estudiar la religión como estudiamos cualquier otra manifestación humana, tratando de ver su relación con otras experiencias humanas y, particularmente, en relación con las condiciones económicas y sociales de la sociedad que la ha gestado. En esta línea, Marx critica la religión por considerarla una forma de alienación. La religión es una forma de alienación en tres sentidos:
• por una parte porque es una experiencia de algo irreal, es una experiencia de algo que no existe. Siguiendo a Feuerbach, Marx considera que no es Dios quien crea al hombre sino el hombre a Dios. Recordemos el esquema básico de toda alienación: el sujeto realiza una actividad que le hace perder su propia identidad, su propio ser; bien por su actividad, bien por el objeto creado mediante ella, en la alienación el sujeto se anula a sí mismo. Según Marx, esto es precisamente lo que ocurre en la religión: el hombre toma lo que considera mejor de sí mismo (voluntad, inteligencia, bondad, ...) y lo proyecta fuera de sí, en el ámbito de lo infinito; a su vez, esta proyección se vive como una realidad que se enfrenta al propio sujeto que la ha creado. Si la religión supone la existencia de Dios como algo infinito, lo hace oponiendo a ella el mundo finito, incluido el hombre mismo, desvalorizando su propio ser y su propio destino, desvalorizando el mundo humano frente a la calidad absoluta de la realidad trascendente o divina, realidad, por otra parte, dice Marx, meramente inventada por el hombre;
• pero la religión también es alienación porque desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la finitud expresado en la vida social y económica. Al consolar al hombre del sufrimiento que en este mundo le toca vivir, sugiriendo en él que en el otro mundo le corresponderá la justicia y la felicidad plena, le resta capacidad, energía y determinación para cambiar las situaciones sociales, políticas y económicas que son las realmente culpables de su sufrimiento. En este sentido Marx dice que la religión es el “opio del pueblo”, pues, en definitiva, adormece el espíritu revolucionario que de otro modo tendría el ser humano;
• finalmente, su crítica a la religión se extiende también al hecho de que la religión suele tomar partido, pero no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre otro.
Por las razones citadas, Marx consideró que era necesaria la superación de la religión y que ésta pasa realmente por la superación del sistema de clases sociales: la diferencia con respecto a Feuerbach se centra precisamente en esta cuestión, pues para Feuerbach la supresión de la religión era posible con su superación intelectual, con la crítica filosófica a la religión; Marx creyó que era necesario, además y fundamentalmente, la modificación de las condiciones económicas que la han hecho posible, es decir, la desaparición del orden social creado a partir de la existencia de la propiedad privada. En la sociedad comunista no existirá la religión pues en esta sociedad no existirá la alienación, y ya se ha dicho que la religión aparece como consecuencia de la alienación.
Marx, crítica a la religión por ser expresión de la alienación humana y sostiene la defensa del hombre ante toda forma de divinidad alienante.
"El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre... La miseria religiosa es, de una parte, la expresión de la miseria real, y, de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu.
Karl Marx, Crítica de la filosofía del derecho de Hegel
viernes, 10 de septiembre de 2010
Breve reflexión sobre Freud y Nietzsche
A partir de leer a Freud, brota en mi la comparación con Nietzsche. Me resulta ineludible construir lazos entre estos psicólogos que lucharon por desocultar las profundidades de la mente, ambos reflexionaron sobre las consecuencias de la represión de los instintos (o pulsiones en Freud). Y sobre este tema tratara mi breve reflexión.
La obra de estos gigantes del pensamiento nos conduce a ver los fenómenos, en donde intervienen seres humanos, de otra manera. Veamos hasta que senderos nos conduce su pensar…
Combaten con su crítica a la ingenuidad (o hipocresía) de aquellos que sostienen que los humanos son seres “buenos” y altruistas por naturaleza. Demostrando que en realidad, los humanos no nacen “buenos”, sino que se hacen dóciles, “racionales”, piadosos y pasivos debido a la influencia de la educación. Esta genera una reforma del carácter, transformando a la criatura egoísta, que es puro instinto, en un ser social, es decir, domesticado.
Los instintos irracionales (crueles, violentos, egoístas, “malignos”) que dominan a los humanos en los comienzos de su existencia, son reprimidos, pero no eliminados. Esto explica las acciones impulsivas, aparentemente sin motivos, de las personas civilizadas que cada tanto salen a la luz. El fanatismo, la exacerbación, el delirio, el apasionamiento o entusiasmo se explican y se relacionan con esta represión que deja latente las emociones primitivas o animales.
La represión por lo tanto, es el factor principal que interviene en el proceso de conformación de las personas “buenas”. Para ser “buenos”, entonces, es necesario reprimir nuestros deseos. Debemos, pues, apagar nuestros instintos, sofocar nuestra fogosidad; suprimir o dejar de lado nuestras pasiones. Esto conduce a la transformación de las personas en animales enfermos, que son incapaces de ser plenamente felices.
La liberación de estas cadenas que oprimen nuestros deseos instintivos pondría en riesgo a la sociedad tal como la conocemos. Sin embargo: ¿no es mejor perder el miedo a la libertad y entregarnos a los placeres, que seguir obedeciendo a la moral de esclavos que nos limita la existencia?
La obra de estos gigantes del pensamiento nos conduce a ver los fenómenos, en donde intervienen seres humanos, de otra manera. Veamos hasta que senderos nos conduce su pensar…
Combaten con su crítica a la ingenuidad (o hipocresía) de aquellos que sostienen que los humanos son seres “buenos” y altruistas por naturaleza. Demostrando que en realidad, los humanos no nacen “buenos”, sino que se hacen dóciles, “racionales”, piadosos y pasivos debido a la influencia de la educación. Esta genera una reforma del carácter, transformando a la criatura egoísta, que es puro instinto, en un ser social, es decir, domesticado.
Los instintos irracionales (crueles, violentos, egoístas, “malignos”) que dominan a los humanos en los comienzos de su existencia, son reprimidos, pero no eliminados. Esto explica las acciones impulsivas, aparentemente sin motivos, de las personas civilizadas que cada tanto salen a la luz. El fanatismo, la exacerbación, el delirio, el apasionamiento o entusiasmo se explican y se relacionan con esta represión que deja latente las emociones primitivas o animales.
La represión por lo tanto, es el factor principal que interviene en el proceso de conformación de las personas “buenas”. Para ser “buenos”, entonces, es necesario reprimir nuestros deseos. Debemos, pues, apagar nuestros instintos, sofocar nuestra fogosidad; suprimir o dejar de lado nuestras pasiones. Esto conduce a la transformación de las personas en animales enfermos, que son incapaces de ser plenamente felices.
La liberación de estas cadenas que oprimen nuestros deseos instintivos pondría en riesgo a la sociedad tal como la conocemos. Sin embargo: ¿no es mejor perder el miedo a la libertad y entregarnos a los placeres, que seguir obedeciendo a la moral de esclavos que nos limita la existencia?
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viernes, 6 de agosto de 2010
Ravachol, un terrorista empujado a la venganza por las circunstancias de la vida...
Ravachol, fue un anarquista francés que se volvió famoso por sus atentados contra los burgueces, el clero y los jueces. Fue condenado a cadena perpetua, por un atentado en que fue atrapado, y a muerte en un segundo proceso, acusado de tres homicidios pasados. Muere en la guillotina el 11 de julio de 1892 .
Aquí esta íntegro su discurso de defensa, imperdible, léanlo!!... luego reflexionen
Si tomo la palabra, no es para defenderme de los actos de los que se me acusa, ya que sólo la sociedad, que por su organización pone a los hombres en lucha continúa los unos contra los otros, es la responsable.
En efecto, no vemos hoy en todas las clases y en todas las profesiones personas que desean, yo no diré la muerte, porqué eso suena “mal”, pero si la desgracia de sus semejantes, si ésta les puede procurar algún beneficio. Ejemplo: ¿un patrón no desea ver desaparecer un competidor? ¿Todos los comerciantes en general no querrían, y de manera recíproca, ser los únicos en disfrutar de los beneficios que puede conllevar este tipo de ocupación? ¿El obrero sin trabajo no desea, para obtener trabajo, que por un motivo cualquiera el que esté ocupado sea despedido del taller? Pues bien, en una sociedad donde se producen semejantes hechos, no debemos sorprendernos del tipo de actos que se me reprochan, que no son más que la consecuencia lógica de la lucha por la existencia que tienen los hombres que, para vivir, están obligados a usar todo tipo de medios. Y ya que cada uno es para él mismo ¿el que está en la necesidad no se ve reducido a pensar?: “Pues bien, puesto que esto es así, yo no tengo por que dudar, cuando tengo hambre, en emplear todos los medios a mi alcance para obtener lo necesario, aun con el riesgo de provocar víctimas! ¿Los patronos cuando despiden a los obreros, se preocupan si se van a morir de hambre? ¿Todos los que tienen privilegios se ocupan de si hay gente que les falta lo necesario?” Hay ciertamente algunos que prestan ayuda, pero son incapaces de aliviar a todos aquellos que están necesitados y que morirán prematuramente a consecuencia de privaciones de todo tipo, o voluntariamente por los suicidios de todo tipo para poner fin a una existencia miserable y no tener que soportar los rigores del hambre, las vergüenzas y las humillaciones sin número y sin esperanza de verlas acabar. En esta situación se encontró la familia Hayem y la mujer Souhain (mujer que mato a sus hijos debido a la desesperación) que dio muerte a sus hijos para no verles sufrir más tiempo, y todas las mujeres que por temor de no poder alimentar a un hijo, no dudan en comprometer su salud y su vida destruyendo en su seno el fruto de sus amores. Y todas esas cosas pasan en medio de la abundancia de todo tipo de productos. Comprenderíamos que todo esto tuviese lugar en un país donde los productos son escasos, donde hay hambruna. Pero en Francia, donde reina la abundancia, donde las carnicerías rebosan de carne, las panaderías de pan, donde la ropa, el calzado están amontonados en las tiendas, donde hay viviendas vacías! ¿Cómo admitir que todo está bien en la sociedad, cuando se ve tan claramente lo contrario? Habrá gente que se compadecerá de todas estas víctimas, pero que os dirán que no pueden hacer nada. ¡Que cada uno se espabile como pueda!
¿Qué puede hacer quien le falta lo necesario mientras trabaja, cuando está desocupado? No hay más que dejarse morir de hambre. Entonces se lanzarán algunas palabras de piedad sobre su cadáver. Esto es lo que yo he querido dejar a otros. Yo he preferido hacerme contrabandista, falsificador, ladrón y asesino. Hubiese podido mendigar: pero es degradante y cobarde, y hasta castigado por vuestras leyes que hacen un delito de la miseria. Si todos los necesitados, en lugar de esperar, tomasen donde hay, y no importa con que medio, los satisfechos entenderían quizás más deprisa que hay peligro en querer consagrar el estado social actual, donde la inquietud es permanente y la vida está amenazada a cada instante. Acabaríamos, sin duda, por comprender más rápidamente que los anarquistas tienen razón cuando dicen que para conseguir tranquilidad moral y física, es necesario destruir las causas que generan los crímenes y los criminales: no es suprimiendo a aquel que, en lugar de morir de una muerte lenta a consecuencia de privaciones que ha tenido y tendrá que soportar, sin esperanzas de verlas acabar, prefiere, si tiene un poco de energía, tomar violentamente aquello que le puede asegurar el bien estar, aun con el riesgo de su muerte, que no es más que un final para sus sufrimientos.
He aquí porqué he cometido los actos que me reprochan y que no son más que la consecuencia lógica del estado bárbaro de una sociedad que no hace más que aumentar el número de sus víctimas por el rigor de sus leyes que se alzan contra los efectos sin jamás tocar las causas; dicen que se tiene que ser cruel para matar a un semejante, pero los que hablan así no ven que decidimos hacerlo tan solo para evitarnos la muerte a nosotros mismos. Igualmente, ustedes, señores jueces, que sin duda me vais a condenar a la pena de muerte, porque creeréis que es una necesidad y que mi desaparición será una satisfacción para vosotros que tenéis horror de ver fluir la sangre humana, pero que, cuando creéis que será útil derramarla para asegurar la seguridad de vuestra existencia, no dudareis más que yo en hacerlo, con la diferencia que vosotros lo haréis sin correr ningún riesgo, mientras que, yo actué poniendo en riesgo y peligro mi libertad y mi vida. Bien, señores, hay más criminales para juzgar, pero las causas del crimen no se destruyen. Creando los artículos del código, los legisladores han olvidado que ellos no atacan las causas sino simplemente los efectos, y, entonces, no destruyen de ninguna manera el crimen; en verdad las causas siguen existiendo y, por tanto, los efectos todavía se desencadenarán. Siempre habrá criminales, aunque destruyáis uno, mañana nacerán diez. ¿Qué hacer entonces? ¡Destruir la miseria, este germen de crimen, asegurando a cada cual la satisfacción de todas sus necesidades! Y cuan difícil es de realizar. Sería suficiente establecer la sociedad sobre nuevas bases donde todo estaría en común, y donde cada uno produciendo según sus aptitudes y sus fuerzas, podría consumir según sus necesidades. De esta manera no veremos más gente mendigando un metal del que se vuelven esclavos y víctimas! No veremos a más mujeres ceder sus cuerpos, como una vulgar mercancía, a cambio de ese mismo metal que nos impide bastante a menudo reconocer si el afecto es realmente sincero. ¡No veremos a más hombres que por obtener ese mismo metal llegan a dar muerte! Esto demuestra claramente que la causa de todos los crímenes es siempre la misma y que hay que ser realmente insensato para no verla. Sí, lo repito: es la sociedad quien hace los criminales, y vosotros, jueces, en lugar de golpearlos, deberíais usar vuestra inteligencia y vuestras fuerzas para transformar la sociedad. De golpe suprimiríais todos los crímenes; y vuestra obra, atacando las causas, sería más grande y más fecunda que vuestra justicia que se limita a castigar sus efectos. Yo no soy más que un obrero sin instrucción, pero porque he vivido la existencia de los miserables, siento más que un rico burgués la inequidad de vuestras leyes represivas. ¿De dónde tomáis el derecho a matar o encerrar a un hombre que, puesto sobre la tierra con la necesidad de vivir, se ha visto en la necesidad de tomar aquello que le faltaba para alimentarse? Yo he trabajado para vivir y hacer vivir a los míos; hasta tal punto que ni yo ni los míos hemos sufrido demasiado. Me he mantenido lo que vosotros llamáis honesto. Después el trabajo faltó, y con el paro vino el hambre. Es entonces cuando esta gran ley de la naturaleza, esta voz imperiosa que no admite réplica: el instinto de conservación me empujó a cometer ciertos crímenes y delitos que ustedes me reprochan y de los que reconozco ser el autor.
Júzguenme, señores jueces, pero si me han comprendido, juzgándome juzgan todas las desdichas que la miseria, aliada a la ferocidad natural, ha hecho criminales, cuando la riqueza con la misma facilidad hubiese hecho honestos hombres! Una sociedad inteligente no hubiese hecho hombres pobres, y por tanto “criminales”, ni hombres ricos, y por tanto “honestos”, sino simplemente hombres.
*Ravachol
Aquí esta íntegro su discurso de defensa, imperdible, léanlo!!... luego reflexionen
Si tomo la palabra, no es para defenderme de los actos de los que se me acusa, ya que sólo la sociedad, que por su organización pone a los hombres en lucha continúa los unos contra los otros, es la responsable.
En efecto, no vemos hoy en todas las clases y en todas las profesiones personas que desean, yo no diré la muerte, porqué eso suena “mal”, pero si la desgracia de sus semejantes, si ésta les puede procurar algún beneficio. Ejemplo: ¿un patrón no desea ver desaparecer un competidor? ¿Todos los comerciantes en general no querrían, y de manera recíproca, ser los únicos en disfrutar de los beneficios que puede conllevar este tipo de ocupación? ¿El obrero sin trabajo no desea, para obtener trabajo, que por un motivo cualquiera el que esté ocupado sea despedido del taller? Pues bien, en una sociedad donde se producen semejantes hechos, no debemos sorprendernos del tipo de actos que se me reprochan, que no son más que la consecuencia lógica de la lucha por la existencia que tienen los hombres que, para vivir, están obligados a usar todo tipo de medios. Y ya que cada uno es para él mismo ¿el que está en la necesidad no se ve reducido a pensar?: “Pues bien, puesto que esto es así, yo no tengo por que dudar, cuando tengo hambre, en emplear todos los medios a mi alcance para obtener lo necesario, aun con el riesgo de provocar víctimas! ¿Los patronos cuando despiden a los obreros, se preocupan si se van a morir de hambre? ¿Todos los que tienen privilegios se ocupan de si hay gente que les falta lo necesario?” Hay ciertamente algunos que prestan ayuda, pero son incapaces de aliviar a todos aquellos que están necesitados y que morirán prematuramente a consecuencia de privaciones de todo tipo, o voluntariamente por los suicidios de todo tipo para poner fin a una existencia miserable y no tener que soportar los rigores del hambre, las vergüenzas y las humillaciones sin número y sin esperanza de verlas acabar. En esta situación se encontró la familia Hayem y la mujer Souhain (mujer que mato a sus hijos debido a la desesperación) que dio muerte a sus hijos para no verles sufrir más tiempo, y todas las mujeres que por temor de no poder alimentar a un hijo, no dudan en comprometer su salud y su vida destruyendo en su seno el fruto de sus amores. Y todas esas cosas pasan en medio de la abundancia de todo tipo de productos. Comprenderíamos que todo esto tuviese lugar en un país donde los productos son escasos, donde hay hambruna. Pero en Francia, donde reina la abundancia, donde las carnicerías rebosan de carne, las panaderías de pan, donde la ropa, el calzado están amontonados en las tiendas, donde hay viviendas vacías! ¿Cómo admitir que todo está bien en la sociedad, cuando se ve tan claramente lo contrario? Habrá gente que se compadecerá de todas estas víctimas, pero que os dirán que no pueden hacer nada. ¡Que cada uno se espabile como pueda!
¿Qué puede hacer quien le falta lo necesario mientras trabaja, cuando está desocupado? No hay más que dejarse morir de hambre. Entonces se lanzarán algunas palabras de piedad sobre su cadáver. Esto es lo que yo he querido dejar a otros. Yo he preferido hacerme contrabandista, falsificador, ladrón y asesino. Hubiese podido mendigar: pero es degradante y cobarde, y hasta castigado por vuestras leyes que hacen un delito de la miseria. Si todos los necesitados, en lugar de esperar, tomasen donde hay, y no importa con que medio, los satisfechos entenderían quizás más deprisa que hay peligro en querer consagrar el estado social actual, donde la inquietud es permanente y la vida está amenazada a cada instante. Acabaríamos, sin duda, por comprender más rápidamente que los anarquistas tienen razón cuando dicen que para conseguir tranquilidad moral y física, es necesario destruir las causas que generan los crímenes y los criminales: no es suprimiendo a aquel que, en lugar de morir de una muerte lenta a consecuencia de privaciones que ha tenido y tendrá que soportar, sin esperanzas de verlas acabar, prefiere, si tiene un poco de energía, tomar violentamente aquello que le puede asegurar el bien estar, aun con el riesgo de su muerte, que no es más que un final para sus sufrimientos.
He aquí porqué he cometido los actos que me reprochan y que no son más que la consecuencia lógica del estado bárbaro de una sociedad que no hace más que aumentar el número de sus víctimas por el rigor de sus leyes que se alzan contra los efectos sin jamás tocar las causas; dicen que se tiene que ser cruel para matar a un semejante, pero los que hablan así no ven que decidimos hacerlo tan solo para evitarnos la muerte a nosotros mismos. Igualmente, ustedes, señores jueces, que sin duda me vais a condenar a la pena de muerte, porque creeréis que es una necesidad y que mi desaparición será una satisfacción para vosotros que tenéis horror de ver fluir la sangre humana, pero que, cuando creéis que será útil derramarla para asegurar la seguridad de vuestra existencia, no dudareis más que yo en hacerlo, con la diferencia que vosotros lo haréis sin correr ningún riesgo, mientras que, yo actué poniendo en riesgo y peligro mi libertad y mi vida. Bien, señores, hay más criminales para juzgar, pero las causas del crimen no se destruyen. Creando los artículos del código, los legisladores han olvidado que ellos no atacan las causas sino simplemente los efectos, y, entonces, no destruyen de ninguna manera el crimen; en verdad las causas siguen existiendo y, por tanto, los efectos todavía se desencadenarán. Siempre habrá criminales, aunque destruyáis uno, mañana nacerán diez. ¿Qué hacer entonces? ¡Destruir la miseria, este germen de crimen, asegurando a cada cual la satisfacción de todas sus necesidades! Y cuan difícil es de realizar. Sería suficiente establecer la sociedad sobre nuevas bases donde todo estaría en común, y donde cada uno produciendo según sus aptitudes y sus fuerzas, podría consumir según sus necesidades. De esta manera no veremos más gente mendigando un metal del que se vuelven esclavos y víctimas! No veremos a más mujeres ceder sus cuerpos, como una vulgar mercancía, a cambio de ese mismo metal que nos impide bastante a menudo reconocer si el afecto es realmente sincero. ¡No veremos a más hombres que por obtener ese mismo metal llegan a dar muerte! Esto demuestra claramente que la causa de todos los crímenes es siempre la misma y que hay que ser realmente insensato para no verla. Sí, lo repito: es la sociedad quien hace los criminales, y vosotros, jueces, en lugar de golpearlos, deberíais usar vuestra inteligencia y vuestras fuerzas para transformar la sociedad. De golpe suprimiríais todos los crímenes; y vuestra obra, atacando las causas, sería más grande y más fecunda que vuestra justicia que se limita a castigar sus efectos. Yo no soy más que un obrero sin instrucción, pero porque he vivido la existencia de los miserables, siento más que un rico burgués la inequidad de vuestras leyes represivas. ¿De dónde tomáis el derecho a matar o encerrar a un hombre que, puesto sobre la tierra con la necesidad de vivir, se ha visto en la necesidad de tomar aquello que le faltaba para alimentarse? Yo he trabajado para vivir y hacer vivir a los míos; hasta tal punto que ni yo ni los míos hemos sufrido demasiado. Me he mantenido lo que vosotros llamáis honesto. Después el trabajo faltó, y con el paro vino el hambre. Es entonces cuando esta gran ley de la naturaleza, esta voz imperiosa que no admite réplica: el instinto de conservación me empujó a cometer ciertos crímenes y delitos que ustedes me reprochan y de los que reconozco ser el autor.
Júzguenme, señores jueces, pero si me han comprendido, juzgándome juzgan todas las desdichas que la miseria, aliada a la ferocidad natural, ha hecho criminales, cuando la riqueza con la misma facilidad hubiese hecho honestos hombres! Una sociedad inteligente no hubiese hecho hombres pobres, y por tanto “criminales”, ni hombres ricos, y por tanto “honestos”, sino simplemente hombres.
*Ravachol
lunes, 26 de julio de 2010
Oscar wilde y su "Filosofia"
“Lo entendamos como queramos, nosotros no podemos llegar a la realidad de las cosas por medio de su apariencia. Y la terrible razón de esto es que acaso no haya realidad en las cosas, excepto su apariencia”
“Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Sólo la gente superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”; (...)la verdad es algo tan personal que jamás una misma verdad puede ser apreciada por dos espíritus
“Todo impulso que intentamos estrangular se asienta en la mente, y nos envenena (...) El único camino para librarse de la tentación es rendirse a ella” (...) “no os perdáis por los caminos de la virtud”
•A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
•Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
•Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.
•La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.
•Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos.
•Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
•La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.
•Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos inte•Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más.
•Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
•Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.
•Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
•Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.
•El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
•Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.
•No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.
•La ambición es el último refugio del fracaso.
•El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.
•La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar.
•En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
•Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista.
•Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.
•El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean.
•No soy tan joven como para saberlo todo.
•Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.
•La única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero.
•El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.
•La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.
•Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros.
•La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores.
•La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo.
•Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.
•Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.
•Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.
•A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo.
•Es bastante difícil no ser injusto con lo que uno ama.
•Ser natural es la más difícil de las poses.
•Si nosotros somos tan dados a juzgar a los demás, es debido a que temblamos por nosotros mismos.
•El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir.
•Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es tan sólo encantadora o aburrida.
•Los hombre jóvenes quieren ser fieles y no lo consiguen; los hombres viejos quieren ser infieles y no lo logran.
•Nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento.
•La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.
•En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
•El arte no es algo que se pueda tomar y dejar. Es necessario para vivir.
•Los viejos lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben.
•Un tonto nunca se repone de un éxito.
•Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la vida que no llevamos.
•El patriotismo es la virtud de los depravados.
•Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor.
•El hombre puede creer en lo imposible, pero no creerá nunca en lo improbable.
•El único deber es el deber de divertirse terriblemente.
•Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa.
•Como no fue genial, no tuvo enemigos.
•El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa.
•Sólo los superficiales llegan a conocerse a sí mismos.
•Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.
•El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.
•La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos.
•Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido.
•Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor.
•La moda es siempre un esperpento tal que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.
•Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono; la duda es apasionante.
•La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable.
•Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios los discursos.
•En asuntos de vital importancia, el estilo, y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.
•Todos matan lo que aman: el cobarde, con un beso; el valiente, con una espada.
•Mientras que para la sociedad no existe mayor pecado que la vida contemplativa, los más cultos opinan que la contemplación es la ocupación natural del hombre.
•Los buenos terminan felices; los malos, desgraciados. Eso es la ficción.
•La rebeldía a los ojos de todo aquel que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre.
•En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado.
•Cualquiera puede hacer una cosa, el mérito está en hacer creer al mundo que uno lo ha hecho.
•Un sentimental es un hombre que ve un absurdo valor en todo, y no conoce el precio fijo de nada.
•Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos.
•Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, cesará su popularidad.
•El arte es la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido.
•Estar alerta, he ahí la vida; yacer en la tranquilidad, he ahí la muerte.
•Los libros que el mundo llama inmorales son los que muestran su propia vergüenza.
•Definir es limitar.
•Bigamia es tener una esposa de más. Monogamia es lo mismo.
•Cada hombre prominente en la actualidad tiene sus discípulos, y siempre hay un Judas que escribe la biografía.
•El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o una nación.
•El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
•El hombre debería decir siempre mucho más de lo que pretende y pretender mucho más de lo que dice.
•El que vive más de una vida debe morir más de una muerte.
•El tiempo es un derroche de dinero.
•El mejor diplomático es aquel que habla más y dice menos.
•En este mundo hay sólo dos tragedias: una es no obtener lo que se quiere; la otra es obtenerlo.
•Formar parte de la sociedad es un fastidio, pero estar excluido de ella es una tragedia.
“Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Sólo la gente superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”; (...)la verdad es algo tan personal que jamás una misma verdad puede ser apreciada por dos espíritus
“Todo impulso que intentamos estrangular se asienta en la mente, y nos envenena (...) El único camino para librarse de la tentación es rendirse a ella” (...) “no os perdáis por los caminos de la virtud”
•A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
•Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
•Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.
•La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.
•Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos.
•Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
•La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.
•Estoy convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos inte•Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más.
•Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
•Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.
•Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
•Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.
•El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
•Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.
•No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.
•La ambición es el último refugio del fracaso.
•El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices.
•La educación es algo admirable, sin embargo, es bueno recordar, que nada que valga la pena se puede enseñar.
•En el mundo común de los hechos, los malos no son castigados y los buenos recompensados. El éxito se lo llevan los fuertes y el fracaso los débiles.
•Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad; si lo hiciera, dejaría de ser artista.
•Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.
•El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean.
•No soy tan joven como para saberlo todo.
•Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.
•La única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero.
•El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.
•La tragedia de la vejez no es que uno sea viejo, sino que uno es joven.
•Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros.
•La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores.
•La realidad es que los éxitos se los llevan los fuertes y el fracaso los débiles, y eso es todo.
•Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.
•Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.
•Mejor ser un cohete caído que no haber resplandecido nunca.
•A mí dadme lo superfluo, que lo necesario todo el mundo puede tenerlo.
•Es bastante difícil no ser injusto con lo que uno ama.
•Ser natural es la más difícil de las poses.
•Si nosotros somos tan dados a juzgar a los demás, es debido a que temblamos por nosotros mismos.
•El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir.
•Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es tan sólo encantadora o aburrida.
•Los hombre jóvenes quieren ser fieles y no lo consiguen; los hombres viejos quieren ser infieles y no lo logran.
•Nada se parece tanto a la ingenuidad como el atrevimiento.
•La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.
•En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
•El arte no es algo que se pueda tomar y dejar. Es necessario para vivir.
•Los viejos lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben.
•Un tonto nunca se repone de un éxito.
•Para la mayoría de nosotros la verdadera vida es la vida que no llevamos.
•El patriotismo es la virtud de los depravados.
•Tengo gustos simples. Me satisfago con lo mejor.
•El hombre puede creer en lo imposible, pero no creerá nunca en lo improbable.
•El único deber es el deber de divertirse terriblemente.
•Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa.
•Como no fue genial, no tuvo enemigos.
•El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa.
•Sólo los superficiales llegan a conocerse a sí mismos.
•Más veces descubrimos nuestra sabiduría con nuestros disparates que con nuestra ilustración.
•El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.
•La vida es simplemente un mal cuarto de hora formado por momentos exquisitos.
•Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido.
•Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor.
•La moda es siempre un esperpento tal que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.
•Hablan mucho de la belleza de la certidumbre como si ignorasen la belleza sutil de la duda. Creer es muy monótono; la duda es apasionante.
•La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable.
•Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios los discursos.
•En asuntos de vital importancia, el estilo, y no la sinceridad, es lo verdaderamente vital.
•Todos matan lo que aman: el cobarde, con un beso; el valiente, con una espada.
•Mientras que para la sociedad no existe mayor pecado que la vida contemplativa, los más cultos opinan que la contemplación es la ocupación natural del hombre.
•Los buenos terminan felices; los malos, desgraciados. Eso es la ficción.
•La rebeldía a los ojos de todo aquel que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre.
•En esta vida la primera obligación es ser totalmente artificial. La segunda todavía nadie la ha encontrado.
•Cualquiera puede hacer una cosa, el mérito está en hacer creer al mundo que uno lo ha hecho.
•Un sentimental es un hombre que ve un absurdo valor en todo, y no conoce el precio fijo de nada.
•Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos.
•Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por vulgar, cesará su popularidad.
•El arte es la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido.
•Estar alerta, he ahí la vida; yacer en la tranquilidad, he ahí la muerte.
•Los libros que el mundo llama inmorales son los que muestran su propia vergüenza.
•Definir es limitar.
•Bigamia es tener una esposa de más. Monogamia es lo mismo.
•Cada hombre prominente en la actualidad tiene sus discípulos, y siempre hay un Judas que escribe la biografía.
•El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o una nación.
•El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
•El hombre debería decir siempre mucho más de lo que pretende y pretender mucho más de lo que dice.
•El que vive más de una vida debe morir más de una muerte.
•El tiempo es un derroche de dinero.
•El mejor diplomático es aquel que habla más y dice menos.
•En este mundo hay sólo dos tragedias: una es no obtener lo que se quiere; la otra es obtenerlo.
•Formar parte de la sociedad es un fastidio, pero estar excluido de ella es una tragedia.
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SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA,
transmutacion de valores
viernes, 9 de julio de 2010
Nietzsche y el estado...... critica poética a una institución política.
Del nuevo ídolo
En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.
¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abridme ahora los oídos, pues voy a deciros mi palabra
sobre la muerte de los pueblos. Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos.
Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: «Yo, el Estado, soy el pueblo.»
¡Es mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de
ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.
Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos suspenden encima de ellos una espada y cien concupiscencias.
Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal
de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos.
Esta señal os doy: cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje propio en costumbres y derechos.
Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga,
miente - y posea lo que posea, lo ha robado.
Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ese mordedor. Falsas son incluso sus
entrañas.
Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En
verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte!
Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado!
¡Mirad cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia!
«En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de
Dios» - así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas y vista corta se postran de rodillas!
¡Ay, también en vosotros, los de alma grande, susurra él sus sombrías mentiras! ¡Ay, él adivina cuáles son los corazones ricos, que con gusto se prodigan!
¡Sí, también os adivina a vosotros, los vencedores del viejo Dios! ¡Os habéis fatigado en la lucha, y ahora vuestra fatiga continúa prestando culto al nuevo ídolo!
¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío
monstruo - gusta de calentarse al sol de buenas conciencias!
Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis83: se compra así el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos.
¡Quiere que vosotros le sirváis de cebo para pescar a los demasiados! ¡Sí, un artificio infernal ha sido inventado aquí, un caballo de la muerte, que tintinea con el atavío de honores divinos!
Sí, aquí ha sido inventada una muerte para muchos, la cual se precia a sí misma de ser vida: ¡en verdad, un servicio íntimo para todos los predicadores de la muerte!
Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Estado, al lugar en que todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos - se llama «la vida».
¡Ved, pues, a esos superfluos! Roban para sí las obras de los inventores y los tesoros de los sabios: cultura llaman a su latrocinio - ¡y todo se convierte para ellos en enfermedad y molestia!
¡Ved, pues, a esos superfluos! Enfermos están siempre, vomitan su bilis y lo llaman periódico.
Se devoran unos a otros y ni siquiera pueden digerirse.
¡Ved, pues, a esos superfluos! Adquieren riquezas y con ello se vuelven más pobres.
Quieren poder y, en primer lugar, la palanqueta del poder, mucho dinero, - ¡esos insolventes!
¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad.
Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer - ¡que la felicidad se sienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono - y también a menudo el trono se sienta en el fango.
Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores y fanáticos. Su ídolo, el frío
monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos idólatras.
Hermanos míos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus concupiscencias?
¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre!
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos de la idolatría de los superfluos!
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos!
Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos.
Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes.
En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!
Allí donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la
canción del necesario, la melodía única e insustituible.
Allí donde el Estado acaba, - ¡miradme allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre?
En algún lugar existen todavía pueblos y rebaños, pero no entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.
¿Estado? ¿Qué es eso? ¡Bien! Abridme ahora los oídos, pues voy a deciros mi palabra
sobre la muerte de los pueblos. Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos.
Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: «Yo, el Estado, soy el pueblo.»
¡Es mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de
ellos una fe y un amor: así sirvieron a la vida.
Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos suspenden encima de ellos una espada y cien concupiscencias.
Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal
de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos.
Esta señal os doy: cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje propio en costumbres y derechos.
Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga,
miente - y posea lo que posea, lo ha robado.
Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ese mordedor. Falsas son incluso sus
entrañas.
Confusión de lenguas del bien y del mal: esta señal os doy como señal del Estado. ¡En
verdad, voluntad de muerte es lo que esa señal indica! ¡En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte!
Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado!
¡Mirad cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia!
«En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de
Dios» - así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas y vista corta se postran de rodillas!
¡Ay, también en vosotros, los de alma grande, susurra él sus sombrías mentiras! ¡Ay, él adivina cuáles son los corazones ricos, que con gusto se prodigan!
¡Sí, también os adivina a vosotros, los vencedores del viejo Dios! ¡Os habéis fatigado en la lucha, y ahora vuestra fatiga continúa prestando culto al nuevo ídolo!
¡Héroes y hombres de honor quisiera colocar en torno a sí el nuevo ídolo! ¡Ese frío
monstruo - gusta de calentarse al sol de buenas conciencias!
Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis83: se compra así el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos.
¡Quiere que vosotros le sirváis de cebo para pescar a los demasiados! ¡Sí, un artificio infernal ha sido inventado aquí, un caballo de la muerte, que tintinea con el atavío de honores divinos!
Sí, aquí ha sido inventada una muerte para muchos, la cual se precia a sí misma de ser vida: ¡en verdad, un servicio íntimo para todos los predicadores de la muerte!
Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Estado, al lugar en que todos, buenos y malos, se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos - se llama «la vida».
¡Ved, pues, a esos superfluos! Roban para sí las obras de los inventores y los tesoros de los sabios: cultura llaman a su latrocinio - ¡y todo se convierte para ellos en enfermedad y molestia!
¡Ved, pues, a esos superfluos! Enfermos están siempre, vomitan su bilis y lo llaman periódico.
Se devoran unos a otros y ni siquiera pueden digerirse.
¡Ved, pues, a esos superfluos! Adquieren riquezas y con ello se vuelven más pobres.
Quieren poder y, en primer lugar, la palanqueta del poder, mucho dinero, - ¡esos insolventes!
¡Vedlos trepar, esos ágiles monos! Trepan unos por encima de otros, y así se arrastran al fango y a la profundidad.
Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer - ¡que la felicidad se sienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono - y también a menudo el trono se sienta en el fango.
Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores y fanáticos. Su ídolo, el frío
monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos idólatras.
Hermanos míos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus concupiscencias?
¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre!
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos de la idolatría de los superfluos!
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos!
Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos.
Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes.
En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!
Allí donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la
canción del necesario, la melodía única e insustituible.
Allí donde el Estado acaba, - ¡miradme allí, hermanos míos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre?
¡hay que volver al sabio zaratustra!!
De las moscas del mercado
Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijones de los pequeños.
El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silencioso y atento pende sobre el mar.
Donde acaba la soledad, allí comienza el mercado; y donde comienza el mercado, allí
comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas.
En el mundo las mejores cosas no valen nada sin alguien que las represente: grandes
hombres llama el pueblo a esos actores.
El pueblo comprende poco lo grande, esto es: lo creador. Pero tiene sentidos para todos los actores y comediantes de grandes cosas.
En torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo: - gira de modo invisible. Sin embargo, en torno a los comediantes giran el pueblo y la fama: así marcha el mundo.
Espíritu tiene el comediante, pero poca conciencia de espíritu. Cree siempre en aquello que mejor le permite llevar a los otros a creer - ¡a creer en él!
Mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva. Sentidos rápidos tiene
el comediante, igual que el pueblo, y presentimientos cambiantes.
Derribar - eso significa para él: demostrar. Volver loco a uno - eso significa para él: convencer. Y la sangre es para él el mejor de los argumentos.
A una verdad que sólo en oídos delicados se desliza llámala mentira y nada. ¡En verdad, sólo cree en dioses que hagan gran ruido en el mundo!
Lleno de bufones solemnes está el mercado - ¡y el pueblo se gloría de sus grandes
hombres! Éstos son para él los señores del momento.
Pero el momento los apremia: así ellos te apremian a ti. Y también de ti quieren ellos un sí o un no. ¡Ay!, ¿quieres colocar tu silla entre un pro y un contra?
¡No tengas celos de esos incondicionales y apremiantes, amante de la verdad! Jamás se
ha colgado la verdad del brazo de un incondicional.
A causa de esas gentes súbitas, vuelve a tu seguridad: sólo en el mercado le asaltan a uno con un ¿sí o no?
Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que aguardar
largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad.
Todo lo grande se aparta del mercado y de la fama: apartados de ellos han vivido desde siempre los inventores de nuevos valores.
Huye, amigo mío, a tu soledad: te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Huye allí
donde sopla un viento áspero, fuerte! ¡Huye a tu soledad! Has vivido demasiado cerca de los pequeños y mezquinos. ¡Huye de su venganza invisible! Contra ti no son otra cosa que venganza.
¡Deja de levantar tu brazo contra ellos! Son innumerables, y no es tu destino el ser espantamoscas.
Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han
conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos.
Tú no eres una piedra, pero has sido ya excavado por muchas gotas. Acabarás por resquebrájarteme y por rompérteme en pedazos bajo tantas gotas.
Fatigado te veo por moscas venenosas, lleno de sangrientos rasguños te veo en cien sitios; y tu orgullo no quiere ni siquiera encolerizarse.
Sangre quisieran ellas de ti con toda inocencia, sangre es lo que sus almas exangües codician- y por ello pican con toda inocencia.
Mas tú, profundo, tú sufres demasiado profundamente incluso por pequeñas heridas; y
antes de que te curases, ya se arrastraba el mismo gusano venenoso por tu mano.
Demasiado orgulloso me pareces para matar a esos golosos. ¡Pero procura que no se
convierta en tu fatalidad el soportar toda su venenosa injusticia!
Ellos zumban a tu alrededor también con su alabanza: impertinencia es su alabanza.
Quieren la cercanía de tu piel y de tu sangre.
Te adulan como a un dios o a un demonio; lloriquean delante de ti como delante de un
dios o de un demonio. ¡Qué importa! Son aduladores y llorones, y nada más.
También suelen hacerse los amables contigo. Pero ésa fue siempre la astucia de los cobardes.
¡Sí, los cobardes son astutos! Ellos reflexionan mucho sobre ti con su alma estrecha, - ¡para ellos eres siempre preocupante!
Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante.
Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad, tus fallos.
Como tú eres suave y de sentir justo, dices: «No tienen ellos la culpa de su mezquina
existencia». Mas su estrecha alma piensa: «Culpable es toda gran existencia.»
Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan
tus bondades con daños encubiertos.
Tu orgullo sin palabras repugna siempre a su gusto; se regocijan mucho cuando alguna
vez eres bastante modesto para ser vanidoso.
Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por
ello ¡guárdate de los pequeños!
Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza.
¿No has notado cómo solían enmudecer cuando tú te acercabas a ellos, y cómo su fuerza
los abandonaba, cual humo de fuego que se extingue?
Sí, amigo mío, para tus prójimos eres tú la conciencia malvada: pues ellos son indignos de ti. Por eso te odian y quisieran chuparte la sangre.
Tus prójimos serán siempre moscas venenosas; lo que en ti es grande - eso cabalmente
tiene que hacerlos más venenosos y siempre más moscas.
Huye, amigo mío, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu destino el ser espantamoscas.
Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijones de los pequeños.
El bosque y la roca saben callar dignamente contigo. Vuelve a ser igual que el árbol al que amas, el árbol de amplias ramas: silencioso y atento pende sobre el mar.
Donde acaba la soledad, allí comienza el mercado; y donde comienza el mercado, allí
comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas.
En el mundo las mejores cosas no valen nada sin alguien que las represente: grandes
hombres llama el pueblo a esos actores.
El pueblo comprende poco lo grande, esto es: lo creador. Pero tiene sentidos para todos los actores y comediantes de grandes cosas.
En torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo: - gira de modo invisible. Sin embargo, en torno a los comediantes giran el pueblo y la fama: así marcha el mundo.
Espíritu tiene el comediante, pero poca conciencia de espíritu. Cree siempre en aquello que mejor le permite llevar a los otros a creer - ¡a creer en él!
Mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva. Sentidos rápidos tiene
el comediante, igual que el pueblo, y presentimientos cambiantes.
Derribar - eso significa para él: demostrar. Volver loco a uno - eso significa para él: convencer. Y la sangre es para él el mejor de los argumentos.
A una verdad que sólo en oídos delicados se desliza llámala mentira y nada. ¡En verdad, sólo cree en dioses que hagan gran ruido en el mundo!
Lleno de bufones solemnes está el mercado - ¡y el pueblo se gloría de sus grandes
hombres! Éstos son para él los señores del momento.
Pero el momento los apremia: así ellos te apremian a ti. Y también de ti quieren ellos un sí o un no. ¡Ay!, ¿quieres colocar tu silla entre un pro y un contra?
¡No tengas celos de esos incondicionales y apremiantes, amante de la verdad! Jamás se
ha colgado la verdad del brazo de un incondicional.
A causa de esas gentes súbitas, vuelve a tu seguridad: sólo en el mercado le asaltan a uno con un ¿sí o no?
Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que aguardar
largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad.
Todo lo grande se aparta del mercado y de la fama: apartados de ellos han vivido desde siempre los inventores de nuevos valores.
Huye, amigo mío, a tu soledad: te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Huye allí
donde sopla un viento áspero, fuerte! ¡Huye a tu soledad! Has vivido demasiado cerca de los pequeños y mezquinos. ¡Huye de su venganza invisible! Contra ti no son otra cosa que venganza.
¡Deja de levantar tu brazo contra ellos! Son innumerables, y no es tu destino el ser espantamoscas.
Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han
conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos.
Tú no eres una piedra, pero has sido ya excavado por muchas gotas. Acabarás por resquebrájarteme y por rompérteme en pedazos bajo tantas gotas.
Fatigado te veo por moscas venenosas, lleno de sangrientos rasguños te veo en cien sitios; y tu orgullo no quiere ni siquiera encolerizarse.
Sangre quisieran ellas de ti con toda inocencia, sangre es lo que sus almas exangües codician- y por ello pican con toda inocencia.
Mas tú, profundo, tú sufres demasiado profundamente incluso por pequeñas heridas; y
antes de que te curases, ya se arrastraba el mismo gusano venenoso por tu mano.
Demasiado orgulloso me pareces para matar a esos golosos. ¡Pero procura que no se
convierta en tu fatalidad el soportar toda su venenosa injusticia!
Ellos zumban a tu alrededor también con su alabanza: impertinencia es su alabanza.
Quieren la cercanía de tu piel y de tu sangre.
Te adulan como a un dios o a un demonio; lloriquean delante de ti como delante de un
dios o de un demonio. ¡Qué importa! Son aduladores y llorones, y nada más.
También suelen hacerse los amables contigo. Pero ésa fue siempre la astucia de los cobardes.
¡Sí, los cobardes son astutos! Ellos reflexionan mucho sobre ti con su alma estrecha, - ¡para ellos eres siempre preocupante!
Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho se vuelve preocupante.
Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad, tus fallos.
Como tú eres suave y de sentir justo, dices: «No tienen ellos la culpa de su mezquina
existencia». Mas su estrecha alma piensa: «Culpable es toda gran existencia.»
Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan
tus bondades con daños encubiertos.
Tu orgullo sin palabras repugna siempre a su gusto; se regocijan mucho cuando alguna
vez eres bastante modesto para ser vanidoso.
Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por
ello ¡guárdate de los pequeños!
Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza.
¿No has notado cómo solían enmudecer cuando tú te acercabas a ellos, y cómo su fuerza
los abandonaba, cual humo de fuego que se extingue?
Sí, amigo mío, para tus prójimos eres tú la conciencia malvada: pues ellos son indignos de ti. Por eso te odian y quisieran chuparte la sangre.
Tus prójimos serán siempre moscas venenosas; lo que en ti es grande - eso cabalmente
tiene que hacerlos más venenosos y siempre más moscas.
Huye, amigo mío, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu destino el ser espantamoscas.
sábado, 10 de abril de 2010
fraces para tener en cuenta......
"El hombre razonable se adapta al mundo. El irrazonable persiste en intentar adaptar el mundo a si mismo. Por lo tanto, el progreso depende del hombre irrazonable."
George Bernard Shaw
• *La esperanza es el único bien común a todos los hombres. Los que todo lo han perdido la poseen aún. **TALES de MILETO*
• *Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada. Giovanni Boccaccio*
• *No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande. William Shakespeare*
• "Gran parte de las dificultades que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes, llenos de dudas." Bertrand Russell
El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho. **DYER, Wayne W.*
El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás. **SPENCER, Herbert*
• *No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad. **George Bernard Shaw*
George Bernard Shaw
• *La esperanza es el único bien común a todos los hombres. Los que todo lo han perdido la poseen aún. **TALES de MILETO*
• *Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada. Giovanni Boccaccio*
• *No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande. William Shakespeare*
• "Gran parte de las dificultades que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes, llenos de dudas." Bertrand Russell
El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho. **DYER, Wayne W.*
El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás. **SPENCER, Herbert*
• *No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad. **George Bernard Shaw*
miércoles, 17 de marzo de 2010
Utopia
Ella está en el horizonte, me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
_Eduardo Galeano.
¿para que sirve un ideal ? mejor respuesta que esta hasta ahora no encontre, solo sirve para caminar , para avansar despacito hacia una meta "inalcanzable". Pero caminando tarde pero seguro llegaremos a la meta. ¡no dejemos de caminar! no debemos detenernos , sigamos creyendo en las utopias y en los grandes ideales terrenales, no perdamos la fe en la humanidad!!
Muertos estan todos los dioses ahora queremos que viva el superhombre!!
_Eduardo Galeano.
¿para que sirve un ideal ? mejor respuesta que esta hasta ahora no encontre, solo sirve para caminar , para avansar despacito hacia una meta "inalcanzable". Pero caminando tarde pero seguro llegaremos a la meta. ¡no dejemos de caminar! no debemos detenernos , sigamos creyendo en las utopias y en los grandes ideales terrenales, no perdamos la fe en la humanidad!!
Muertos estan todos los dioses ahora queremos que viva el superhombre!!
martes, 2 de marzo de 2010
El peligro de la racionalizaciòn de la dominaciòn.
En nuestra época uno de los principales problemas de la civilización occidental es
que la sociedad evoluciona y se transforma en un circuito que abarca la ciencia, la
tecnología y la industria. El proceso producido por la tecnociencia ha generado un
nuevo modo de manipulación del hombre.
"Hasta una época reciente, el dominio de la naturaleza se identificaba con el desarrollo de lo humano y la posibilidad de progreso y prosperidad. Ahora bien, en estos últimos decenios se ha producido 1a toma de conciencia: el desarrollo de la técnica no sólo provoca procesos de emancipación, provoca también nuevos procesos de manipulación del hombre por el hombre, o de los individuos humanos por las entidades sociales. Digo "nuevos" porque desde la prehistoria se inventaron procesos de sometimiento muy refinados.
El sometimiento significa que el sujeto sometido cree siempre trabajar para sus
propios fines sin saber que en realidad trabaja para los fines de quien lo somete.
Las nuevas técnicas de dominación se relacionan con los medios de comunicación que manipulan eficazmente a las personas sin utilizar la coerción directa y violenta. Es una forma sutil de introducir la ideología dominante en la mente de las personas.
La tecnología se ha convertido de este modo en el soporte epistemológico de una simplificación y de una manipulación generalizadas inconscientes que se toman por la
racionalidad. Aquí hay que distinguir absolutamente entre razón y racionalización. La
racionalización es una lógica cerrada y demencial que cree poder aplicarse a lo real, y cuando lo real se niega a aplicarse a esta lógica, se le niega o bien se le introducen conceptos para que obedezca, sistema éste de campo de concentración. La racionalización es demencial, y sin embargo tiene los mismos ingredientes que la razón. La única, diferencia es que la razón debe estar abierta y aceptada, reconoce en el universo la presencia de lo irracional, es decir, la parte de lo desconocido o la parte del misterio.
Hemos visto procesos de auto destrucción de la razón desde el siglo XVIII. La razón
enloquece, no porque la vuelva loca algo procedente del exterior, sino porque la vuelve loca algo interior, y creo que la verdadera racionalidad se manifiesta en la lucha contra la racionalización."
La nacionalización de la dominación es el mayor peligro de nuestros tiempos y la mayor irracionalidad desde el punto de vista de los que desean la libertad y felicidad humanas.….
que la sociedad evoluciona y se transforma en un circuito que abarca la ciencia, la
tecnología y la industria. El proceso producido por la tecnociencia ha generado un
nuevo modo de manipulación del hombre.
"Hasta una época reciente, el dominio de la naturaleza se identificaba con el desarrollo de lo humano y la posibilidad de progreso y prosperidad. Ahora bien, en estos últimos decenios se ha producido 1a toma de conciencia: el desarrollo de la técnica no sólo provoca procesos de emancipación, provoca también nuevos procesos de manipulación del hombre por el hombre, o de los individuos humanos por las entidades sociales. Digo "nuevos" porque desde la prehistoria se inventaron procesos de sometimiento muy refinados.
El sometimiento significa que el sujeto sometido cree siempre trabajar para sus
propios fines sin saber que en realidad trabaja para los fines de quien lo somete.
Las nuevas técnicas de dominación se relacionan con los medios de comunicación que manipulan eficazmente a las personas sin utilizar la coerción directa y violenta. Es una forma sutil de introducir la ideología dominante en la mente de las personas.
La tecnología se ha convertido de este modo en el soporte epistemológico de una simplificación y de una manipulación generalizadas inconscientes que se toman por la
racionalidad. Aquí hay que distinguir absolutamente entre razón y racionalización. La
racionalización es una lógica cerrada y demencial que cree poder aplicarse a lo real, y cuando lo real se niega a aplicarse a esta lógica, se le niega o bien se le introducen conceptos para que obedezca, sistema éste de campo de concentración. La racionalización es demencial, y sin embargo tiene los mismos ingredientes que la razón. La única, diferencia es que la razón debe estar abierta y aceptada, reconoce en el universo la presencia de lo irracional, es decir, la parte de lo desconocido o la parte del misterio.
Hemos visto procesos de auto destrucción de la razón desde el siglo XVIII. La razón
enloquece, no porque la vuelva loca algo procedente del exterior, sino porque la vuelve loca algo interior, y creo que la verdadera racionalidad se manifiesta en la lucha contra la racionalización."
La nacionalización de la dominación es el mayor peligro de nuestros tiempos y la mayor irracionalidad desde el punto de vista de los que desean la libertad y felicidad humanas.….
sábado, 20 de febrero de 2010
Aforismos de François de la Rochefoucauld
El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.
Perdonando demasiado al que yerra se comete una injusticia con el que no falla
Cuanto más se ama a un amante, más cerca se está de odiarle.
Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.
Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera.
No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay.
Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad.
Lo que hace que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando siempre de sí mismos.
La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.
Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
Para tener éxito debemos hacer todo lo posible por parecer exitosos.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.
Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.
Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance.
El mejor medio de conservar los amigos es no pedirles ni deberles nada.
La libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados por el hombre.
La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable.
La verdadera prueba de que se ha nacido con grandes cualidades estriba en haber nacido sin envidia.
Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
Nunca se tiene la libertad de amar o de dejar de amar.
Se perdona mientras se ama.
Los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se engañaran unos a otros.
Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos.
Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen.
Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.
La confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio.
Aunque los hombres se jacten de sus grandes acciones, muchas veces no son el resultado de un gran designio, sino puro efecto del azar.
Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta.
Los celos se nutren de dudas y la verdad los deshace o los colma.
La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
Como pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no los has sabido guardar.
La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía.
Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos.
El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás.
Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.
La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.
La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
El deseo de parecer listo impide el llegar a serlo.
Nunca somos tan felices ni tan infelices como pensamos.
En los celos hay más amor propio que amor.
Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros.
Hay varias clases de curiosidad: una, interesada, que nos lleva a desear aprender lo que nos puede ser útil; otra, orgullosa, nacida del deseo de saber lo que otros ignoran.
El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.
Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
El amor propio es el peor de los aduladores.
Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos en que nada nos afectan.
El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.
No se desprecia a todos los que tienen vicios, pero sí a los que no tienen ninguna virtud.
No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.
El verdadero valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el mundo.
La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.
Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
Solemos perdonar a los que nos aburren, pero no perdonamos a los que aburrimos.
El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias sólo a nuestra vanidad.
Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.
Nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo.
Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros.
No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.
Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.
Nunca otra cosa damos con tanta liberalidad como nuestros consejos.
Si una persona parece cuerda es sólo porque sus locuras son proporcionadas a su edad y estado.
No se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas.
Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente.
Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
Si en los hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.
Los celos nacen del amor, pero no mueren con éste.
No se elogia, en general, sino para ser elogiado.
Para hacerse una posición en el mundo, es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene.
“Con algunas virtudes sucede lo que con los sentidos: quienes están
enteramente privados de ellas no pueden descubrirlas ni comprenderlas.”
“Nadie merece ser elogiado por su bondad si no tiene la energía
necesaria para ser malo; cualquier otra bondad no es más que pereza o impotencia de la voluntad.”
“Por muchos descubrimientos que hayamos hecho en el país del amor propio, siempre quedarán muchas tierras desconocidas.”
“No sólo los hombres tienden a perder el recuerdo de los beneficios y de las injurias, sino que incluso odian a sus benefactores y dejan de odiar a quien los ofendió.
Perdonando demasiado al que yerra se comete una injusticia con el que no falla
Cuanto más se ama a un amante, más cerca se está de odiarle.
Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse.
Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera.
No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay.
Si juzgamos el amor por la mayor parte de sus efectos, se parece más al odio que a la amistad.
Lo que hace que los amantes no se aburran nunca de estar juntos es que se pasan el tiempo hablando siempre de sí mismos.
La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.
Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.
Para tener éxito debemos hacer todo lo posible por parecer exitosos.
Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.
Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
Si tuviésemos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes.
Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance.
El mejor medio de conservar los amigos es no pedirles ni deberles nada.
La libre comunicación de los pensamientos y las opiniones es uno de los derechos más preciados por el hombre.
La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable.
La verdadera prueba de que se ha nacido con grandes cualidades estriba en haber nacido sin envidia.
Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.
Nunca se tiene la libertad de amar o de dejar de amar.
Se perdona mientras se ama.
Los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se engañaran unos a otros.
Es más vergonzoso desconfiar de los amigos que ser engañado por ellos.
Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen.
Más traiciones se cometen por debilidad que por un propósito firme de hacer traición.
La confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio.
Aunque los hombres se jacten de sus grandes acciones, muchas veces no son el resultado de un gran designio, sino puro efecto del azar.
Las personas afortunadas se corrigen poco: Creen tener siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta.
Los celos se nutren de dudas y la verdad los deshace o los colma.
La vejez es un tirano que prohíbe, bajo pena de muerte, todos los placeres de la juventud.
Como pretendes que otro guarde tu secreto si tú mismo, al confiárselo, no los has sabido guardar.
La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía.
Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos.
El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás.
Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.
La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.
La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
El deseo de parecer listo impide el llegar a serlo.
Nunca somos tan felices ni tan infelices como pensamos.
En los celos hay más amor propio que amor.
Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros.
Hay varias clases de curiosidad: una, interesada, que nos lleva a desear aprender lo que nos puede ser útil; otra, orgullosa, nacida del deseo de saber lo que otros ignoran.
El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.
Hay poca gente lo bastante cuerda que prefiera la censura provechosa a la alabanza traidora.
El amor propio es el peor de los aduladores.
Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos en que nada nos afectan.
El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.
No se desprecia a todos los que tienen vicios, pero sí a los que no tienen ninguna virtud.
No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.
El verdadero valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el mundo.
La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.
Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
Solemos perdonar a los que nos aburren, pero no perdonamos a los que aburrimos.
El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla.
La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias sólo a nuestra vanidad.
Cuando no se encuentra descanso en uno mismo, es inútil buscarlo en otra parte.
Nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo.
Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros.
No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.
Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible.
Nunca otra cosa damos con tanta liberalidad como nuestros consejos.
Si una persona parece cuerda es sólo porque sus locuras son proporcionadas a su edad y estado.
No se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas.
Ni el sol, ni la muerte pueden mirarse fijamente.
Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.
Si en los hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.
Los celos nacen del amor, pero no mueren con éste.
No se elogia, en general, sino para ser elogiado.
Para hacerse una posición en el mundo, es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene.
“Con algunas virtudes sucede lo que con los sentidos: quienes están
enteramente privados de ellas no pueden descubrirlas ni comprenderlas.”
“Nadie merece ser elogiado por su bondad si no tiene la energía
necesaria para ser malo; cualquier otra bondad no es más que pereza o impotencia de la voluntad.”
“Por muchos descubrimientos que hayamos hecho en el país del amor propio, siempre quedarán muchas tierras desconocidas.”
“No sólo los hombres tienden a perder el recuerdo de los beneficios y de las injurias, sino que incluso odian a sus benefactores y dejan de odiar a quien los ofendió.
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critica a la pasividad,
SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA
viernes, 12 de febrero de 2010
Sartre y el existencialismo ateo
“El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre, o como dice Heidegger, la realidad humana. ¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así, pues, no hay naturaleza humana, porque no hay Dios para concebirla. El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo.”
Este es un ateísmo consecuente; puesto que Dios no existe, no existe la naturaleza humana; el hombre no tiene esencia o naturaleza, es lo que él mismo se ha hecho; en el la existencia precede a la esencia.
El hombre es un proyecto que se vive subjetivamente: lo que mueve a las personas son sus proyectos, su preocupación por la realización de su ser; pero estos proyectos y los ideales involucrados en ellos, no existen previamente a su decisión de realizarlos, no están trazados previamente por un destino, una naturaleza o una tabla de valores objetivos.
El hombre es responsable de sí mismo y de todos los hombres: somos responsables de nosotros mismos porque lo que somos depende de lo que hemos querido ser, no de un destino divino, ni de una circunstancia social, ni de una predisposición biológica o natural; pero somos también responsables de los demás porque al elegir unos valores, elegimos una imagen del hombre tal y como debe ser; “nuestra acción compromete a la humanidad entera”.
La libertad humana trae consigo los sentimientos de angustia, desamparo y desesperación. Angustia ante el hecho de que es uno mismo el responsable de sí mismo y de los demás; desamparo porque la elección se hace en soledad, no existe una tabla de valores en la que apoyarse, ni ningún signo que nos indique la conducta a seguir, es preciso inventarse la moral; y trae desesperación porque no es posible un control completo de la realidad en la realización del proyecto, porque siempre hay que contar con factores imprevistos, con la posibilidad de que se truequen nuestras buenas intenciones en malos efectos.
EL EXISTENCIALISMO es una doctrina de la acción, contraria al quietismo: para el existencialismo sólo hay realidad en la acción, el hombre existe en la medida en que se realiza, es el conjunto de sus actos y nada más. Este pensamiento tiene dos caras: por un lado es duro para aquellas personas descontentas con lo que son, para los que no han triunfado en la vida; estas personas pueden engañarse diciendo que en realidad el conjunto de sus actos no muestra su auténtica valía, diciendo que hay en ellos capacidades, talentos o disposiciones desaprovechadas, que el mundo les ha impedido dar de sí todo lo que realmente son. Pero, por otro lado, esta doctrina es optimista pues declara que el destino de cada uno de nosotros está en nuestra mano y nos predispone a la acción, a no vivir de sueños, de esperanzas, a dejar de lado nuestra miseria y realizar nuestro proyecto: el héroe no nace héroe, se hace héroe; si se es cobarde es como consecuencia de una decisión, no porque fisiológicamente o socialmente se esté predispuesto para ello; el cobarde se hace cobarde, pero hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser por más tiempo cobarde, como para el héroe la de dejar de ser héroe.
Para el existencialismo el mundo, la vida, no tiene un sentido a priori: declara que Dios no existe, por lo que la vida misma carece de sentido; sólo se puede hablar del sentido que cada uno le da, de los valores que cada uno inventa.
Frente a la noción de “naturaleza humana” defiende la existencia de la “condición humana”: aunque no existe una esencia común a todos los hombres, Sartre cree que sí se puede hablar de ciertos rasgos formales y universales que permiten la identificación de la humanidad como un todo y el reconocimiento y comprensión del proyecto de cada individuo y de cada cultura; la libertad, la indigencia de la existencia, la sociabilidad, son estructuras antropológicas que desvelan la condición humana.
"cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de el"
_Los hombres se dan el ser en las decisiones que toman en su existencia , al elegir se eligen, en cada una de sus eleciones se estan dando el ser.
Este es un ateísmo consecuente; puesto que Dios no existe, no existe la naturaleza humana; el hombre no tiene esencia o naturaleza, es lo que él mismo se ha hecho; en el la existencia precede a la esencia.
El hombre es un proyecto que se vive subjetivamente: lo que mueve a las personas son sus proyectos, su preocupación por la realización de su ser; pero estos proyectos y los ideales involucrados en ellos, no existen previamente a su decisión de realizarlos, no están trazados previamente por un destino, una naturaleza o una tabla de valores objetivos.
El hombre es responsable de sí mismo y de todos los hombres: somos responsables de nosotros mismos porque lo que somos depende de lo que hemos querido ser, no de un destino divino, ni de una circunstancia social, ni de una predisposición biológica o natural; pero somos también responsables de los demás porque al elegir unos valores, elegimos una imagen del hombre tal y como debe ser; “nuestra acción compromete a la humanidad entera”.
La libertad humana trae consigo los sentimientos de angustia, desamparo y desesperación. Angustia ante el hecho de que es uno mismo el responsable de sí mismo y de los demás; desamparo porque la elección se hace en soledad, no existe una tabla de valores en la que apoyarse, ni ningún signo que nos indique la conducta a seguir, es preciso inventarse la moral; y trae desesperación porque no es posible un control completo de la realidad en la realización del proyecto, porque siempre hay que contar con factores imprevistos, con la posibilidad de que se truequen nuestras buenas intenciones en malos efectos.
EL EXISTENCIALISMO es una doctrina de la acción, contraria al quietismo: para el existencialismo sólo hay realidad en la acción, el hombre existe en la medida en que se realiza, es el conjunto de sus actos y nada más. Este pensamiento tiene dos caras: por un lado es duro para aquellas personas descontentas con lo que son, para los que no han triunfado en la vida; estas personas pueden engañarse diciendo que en realidad el conjunto de sus actos no muestra su auténtica valía, diciendo que hay en ellos capacidades, talentos o disposiciones desaprovechadas, que el mundo les ha impedido dar de sí todo lo que realmente son. Pero, por otro lado, esta doctrina es optimista pues declara que el destino de cada uno de nosotros está en nuestra mano y nos predispone a la acción, a no vivir de sueños, de esperanzas, a dejar de lado nuestra miseria y realizar nuestro proyecto: el héroe no nace héroe, se hace héroe; si se es cobarde es como consecuencia de una decisión, no porque fisiológicamente o socialmente se esté predispuesto para ello; el cobarde se hace cobarde, pero hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser por más tiempo cobarde, como para el héroe la de dejar de ser héroe.
Para el existencialismo el mundo, la vida, no tiene un sentido a priori: declara que Dios no existe, por lo que la vida misma carece de sentido; sólo se puede hablar del sentido que cada uno le da, de los valores que cada uno inventa.
Frente a la noción de “naturaleza humana” defiende la existencia de la “condición humana”: aunque no existe una esencia común a todos los hombres, Sartre cree que sí se puede hablar de ciertos rasgos formales y universales que permiten la identificación de la humanidad como un todo y el reconocimiento y comprensión del proyecto de cada individuo y de cada cultura; la libertad, la indigencia de la existencia, la sociabilidad, son estructuras antropológicas que desvelan la condición humana.
"cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de el"
_Los hombres se dan el ser en las decisiones que toman en su existencia , al elegir se eligen, en cada una de sus eleciones se estan dando el ser.
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EXISTENCIALISMO,
Sartre,
SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA
jueves, 4 de febrero de 2010
Fedor Dostoievski: Memorias del subsuelo.
Este gran autor, se introduce en la compleja psicología humana y sus misterios como pocos lo pueden hacer , aquí dejo un fragmento de este genio de la literatura.
¿quién fue el primero que dijo, que proclamó que el
hombre comete villanías sólo porque no sabe ver cuáles son sus propios intereses, y que si lo ilustrasen, si le abriesen los ojos ante sus verdaderos intereses, ante sus intereses normales, dejaría inmediatamente de cometer villanías y se convertiría acto seguido en un hombre bueno y honrado, puesto que, ilustrado por la ciencia y comprendiendo sus verdaderos intereses, obtendría las ventajas que el bien proporciona? Como se sobrentiende que nadie puede obrar a sabiendas contra su propio interés, el hombre se vería obligado, por decirlo así, a hacer el bien. ¡Como un niño! ¡Como un niño puro e ingenuo!
Pero ¿acaso el hombre, en el curso de sus miles de años de vida en la Tierra, ha obrado siempre al dictado de su interés? ¿Qué haremos entonces de esos millones de hechos que atestiguan que los hombres, aún advirtiendo cuál es su interés, lo relegan a un segundo plano y siguen un camino completamente distinto, lleno de riesgos y azares? No están obligados a ello, pero parecen querer evitar la ruta que se les
indica y trazarse libremente, caprichosamente, otra llena de dificultades, absurda, oscura, apenas visible.
Ello prueba que esa libertad les seduce más que sus propios intereses... ¡Intereses! ¿Qué es el interés? ¿Se comprometen ustedes a definirme con toda exactitud en qué consiste el interés del hombre? ¿Qué dirán ustedes si un buen día se comprueba que el interés humano en ciertos casos puede, o incluso debe, consistir en desear no una ventaja, sino un perjuicio? Si es así, si puede presentarse el caso, todo se derrumba. ¿Qué creen ustedes? ¿Se puede presentar un caso semejante?
¿Están exactamente clasificados los intereses
humanos? ¿No hay algunos que no figuran ni pueden figurar en las clasificaciones formadas por ustedes?
Porque, que yo sepa, señores, ustedes han catalogado los intereses humanos de acuerdo con las cifras
medias de las estadísticas y de las fórmulas económico-científicas. Los intereses humanos son según ustedes, la riqueza, la tranquilidad, la libertad, etcétera. Tanto, que el hombre que rechace a sabiendas y ostensiblemente ese catálogo debe ser considerado, en opinión de ustedes , como un oscurantista, como un loco. ¿No es así? Pero he aquí algo muy extraño; ¿cómo es posible
que esos estadísticos, esos sabios, esos filántropos, dejen siempre a un lado cierto elemento en sus cálculos
de los intereses humanos? Ni siquiera lo tienen en cuenta en sus fórmulas, por lo que falsean resultados. Sin
embargo, no sería difícil introducir el elemento en cuestión. ¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué no lo
introducen para completar la lista? La dificultad procede de que dicho elemento es tan particular, que no puede encontrar sitio en ninguna clasificación ni inscribirse en ninguna lista.
¿Acaso no hay algo que es para todos nosotros más
querido que nuestros más altos intereses? Dicho de otro modo (para no violar la lógica), ¿no existe para
nosotros un interés (el que se deja de lado, ese del que acabamos de hablar) más interesante que todos los demás intereses, más alto que todos ellos, un interés por el que el hombre está dispuesto a obrar, si es preciso, en contra de todas las reglas, es decir, en contra de la razón, sacrificando a él su honor, su paz, su felicidad, todas las cosas bellas y convenientes, en una palabra, sólo por obtener una que es más querida
para él que todas las demás, una en la que ve su interés supremo?
«Sí -me dirán ustedes-, pero eso es también un interés...»
¡Permítanme! Voy a explicarme. No podíamos seguir adelante sin aclarar las cosas. Lo singular de ese
interés es que destruye las cosas. Lo singular de ese interés es que destruye todas nuestras clasificaciones y derriba todos los sistemas edificados por los amigos del género humano para la felicidad del hombre. En una palabra, es un estorbo, un obstáculo. Pero antes de decirles a ustedes cuál es ese interés, reflexionen, ustedes están convencidos de que la especie humana se acostumbrará a mejorar cuando se haya desembarazado completamente de ciertas malas tendencias, cuando el sentido común y la ciencia hayan reeducado completamente la naturaleza humana y la hayan orientado por un camino normal. Ustedes están seguros de que entonces el hombre cesará de errar deliberadamente y se verá, por decirlo así, en la imposibilidad de desear oponerse a sus intereses normales.
¿Por qué el hombre debe actuar según sus intereses, además cuales son los intereses humanos? esto es algo individual , existen intereses diferentes para cada ser ¿Qué sucede si me interesa a mi sufrir y ser un infeliz? ¿O acaso tengo que desear tener una vida prospera, pacifica, monótona, falsa y mediocre? No existen los intereses universales que correspondan a todos los seres.
Pero el hombre con voluntad fuerte, quienquiera que sea, aspira siempre y
en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede, y a veces incluso debe,
oponerse a sus intereses. Mi voluntad; mi libre albedrío; mi capricho, por insensato que sea; mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia... Esto es lo que se aparta a un lado, éste es el precioso interés que no tiene espacio en ninguna de esas clasificaciones que componen ustedes y que rompe en mil pedazos todos los sistemas, todas las teorías.
¿De dónde se han sacado nuestros sabios que el hombre necesita voluntad normal y virtuosa? ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre sólo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados.
Ciertamente, si se logra descubrir la fórmula de todos nuestros deseos, de todos nuestros caprichos; es decir, de dónde proceden, cuáles son las leyes de su desarrollo, cómo se reproducen, hacia qué objetivos tienden en tales o
cuáles casos, etc., es probable que el hombre deje inmediatamente de sentir deseos. ¿He dicho «probable»? ¡No, es seguro! ¿Qué satisfacción puede proporcionarle desear solamente de acuerdo con tablas de cálculos? Pero aún hay más. El hombre descenderá inmediatamente a la categoría de una simple tuerca.
Porque ¿qué es un hombre despojado de deseo y voluntad, sino una tuerca, un simple engranaje? ¿Qué opinan ustedes sobre esto? Examinemos las probabilidades: ¿puede ocurrir o no?
«¡Humm -dicen ustedes-. Nuestros deseos son equivocados con gran frecuencia, porque nosotros nos
equivocamos en la valoración de nuestros intereses. Aspiramos a cosas inconvenientes porque nuestra
estupidez nos hace creer que pretendemos lo que nos conviene. Pero cuando nos lo hayan explicado todo, cuando todo se haya puesto en orden y fijado previamente (lo que es muy posible, pues es una tontería creer que ciertas leyes de la naturaleza van a ser siempre indescifrables), es evidente que ya no habrá sitio para los deseos. Si nuestra voluntad se enfrenta con nuestra razón, podremos razonar y no desear, ya que a un ser que razona le es imposible desear estupideces, ir conscientemente en contra de la razón, perjudicarse
a sabiendas... y como todos los deseos y todos los razonamientos podrán calcularse con anticipación, ya
que con toda seguridad se habrán descubierto las leyes de nuestra voluntad y sus deseos, será posible confeccionar una especie de deseos y desear ateniéndonos a ella.
Por consiguiente, me será posible calcular mi existencia con treinta años de anticipación. En una palabra, si tal cosa sucede, tendremos que limitamos a comprender. Y habremos de repetimos sin descanso que en esos momentos la naturaleza no se preocupa en absoluto por nosotros y que, por lo tanto, hemos de aceptarla como es y no como la vemos cuando la adorna nuestra fantasía,
Desde luego, la razón es una cosa excelente: de esto no hay duda. Pero la razón es la razón, y sólo satisface a la facultad razonadora del hombre. En cambio, el deseo es la expresión de la totalidad de la vida humana, sin excluir de ella la razón ni los escrúpulos; y aunque la vida, tal como ella se manifiesta, suela tener un aspecto desagradable, no por eso deja de ser la vida y no la extracción de una raíz cuadrada.
Yo deseo vivir dando satisfacción a todas mis facultades vitales y no únicamente a mi facultad de
razonar, que no representa, en suma, sino la vigésima parte de las fuerzas que hay en mí. ¿Qué sabe la razón? Únicamente lo que ha aprendido (nunca sabrá más, seguramente. Esto no es un consuelo, pero no hay que disimularlo). En cambio, la naturaleza humana obra con todo su peso, por decirlo así, con todo su contenido, a veces con plena conciencia y a veces inconscientemente. Comete algunas pifias pero vive. me repiten que a un hombre culto, al hombre
del porvenir, en una palabra, le es imposible desear deliberadamente lo que es contrario a sus intereses.
Esto es tan claro como las matemáticas. Estoy completamente de acuerdo: tiene una claridad y una exactitud matemáticas. Pero les repito por centésima vez que existe una excepción, que hay hombres que pueden desear lo que saben que es desfavorable para ellos, lo que les parece estúpido, insensato; hombres que obran así sólo por eludir la obligación de escoger lo provechoso, lo digno. Porque esa insensatez, ese capricho, es quizá lo más ventajoso que existe para nosotros en la tierra, sobre todo en ciertos casos. Incluso es posible que esta ventaja sea superior a todas las demás aunque sea evidente que nos perjudica y contradice las conclusiones más sanas de nuestro razonamiento. Y es que nos conserva lo principal, lo que más queremos: nuestra personalidad. Algunos afirman que esto es precisamente lo más preciado que tenemos. La voluntad puede querer a veces ponerse de acuerdo con la razón, sobre todo si no se abusa de este acuerdo, si se aprovecha moderadamente. Pero con gran frecuencia, incluso casi siempre,
la voluntad se niega obstinadamente a ponerse de acuerdo con la razón, Si me dicen ustedes que el caos, las tinieblas y las maldiciones pueden estar también calculados de
antemano y tan exactamente que este cálculo paralizará el impulso del hombre, y, por lo tanto, la razón triunfará una vez más; si me dicen esto, les contestaré que el hombre no tendrá ya más que un medio para hacer su voluntad: volverse loco.
Estoy seguro de esto, pues no cabe duda de que la mayor preocupación del hombre ha sido siempre demostrarse a sí mismo que es un hombre y no un engranaje. Arriesgaba en ello su existencia, pero se lo demostraba; vivía como un troglodita, pero se lo demostraba. Y, después de todo esto, ¿cómo no pecar, cómo no felicitarse de que no hayamos llegado todavía al papel de tuerca y de que nuestra voluntad dependa aún de no saben qué?
Ustedes exclamarán (si me hacen todavía el honor de lanzar exclamaciones) que nadie piensa privarme de mi voluntad, que sólo se trata de arreglar las cosas de modo que mi voluntad por sí misma, por su propia iniciativa, pueda acomodarse a mis intereses normales, a las leyes naturales, a la aritmética. ¡Pero díganme! ¿Qué quedará de mi voluntad cuando lleguemos a las frias tablas de cálculos, cuando no haya más que eso de «dos y dos son cuatro»? Dos y dos serán cuatro sin que mi voluntad se mezcle en ello. ¡La voluntad aspira, evidentemente, a otra cosa!
Ustedes pretenden librar al hombre de sus antiguos hábitos y corregir su voluntad adaptándola a las leyes de la ciencia y de acuerdo con el sentido común. Pero ¿están ustedes seguros de que
es necesario corregir al hombre? ¿En qué se fundan ustedes para creer que la voluntad del hombre requiere una educación? ¿Por qué creen que esta educación ha de serle útil? Y, para decirlo todo, ¿por qué están ustedes tan convencidos de que siempre es ventajoso para el hombre no ir en contra de sus intereses normales, reales, garantizados por el razonamiento y la aritmética? Esto no es, en resumidas cuentas, más que una suposición de ustedes. Incluso aunque una ley sea lógica, ¿es acaso la ley humana? Ustedes se
dirán que estoy loco. Pero permítanme explicarme.
Admito que el hombre es un animal esencialmente constructor, obligado a dirigirse a sabiendas a un objetivo, sea el que fuere. Si es un ingeniero, ha de trazar sin descanso nuevas vías en no importa qué direcciones. Pero quizá precisamente por esta causa siente a veces el deseo de salirse por la tangente. Lo hace no sólo porque está condenado a trazar caminos, sino también porque, por muy necio que sea el hombre de acción, comprende a veces que los caminos conducen siempre a alguna parte, y que no es su dirección lo que importa, sino el hecho de que lo conduzcan a un lugar determinado. Así, al hombre juicioso no se le ocurrirá despreciar su profesión de ingeniero y no se entregará a la pereza, la cual es, como todo el mundo sabe, la madre de todos los vicios. Es indiscutible que al hombre le encanta trazar y construir
caminos; pero también adora la destrucción y el caos. ¿Por qué?, Tal vez le gusten la destrucción y el caos (a veces le gustan; esto es indiscutible), porque tiene un temor
instintivo a alcanzar la meta y terminar el edificio que construye. ¡Vaya usted a saber! Acaso este edificio sólo le gusta de lejos. Puede ser que le guste construirlo, pero no vivir en él, y esté dispuesto a abandonarlo el hombre es un ser versátil, y es posible que, como al jugador de ajedrez, le guste sólo la acción, sin importarle el objetivo que se puede alcanzar. Y, ¿quién sabe?, acaso el único objetivo que persigue la humanidad consista en ese esfuerzo, en
esa acción; dicho de otro modo, tal vez la vida no tenga meta exterior, un fin , una orientacion.
Es decir, no hay una fórmula como «dos y dos son cuatro» , esta formula es un
principio de muerte y no un principio de vida. En todo caso, el hombre teme siempre a ese «dos y dos son cuatro», y yo también le temo.
Cierto que el hombre sólo se ocupa en la busca de ese «dos y dos son cuatro», cruza océanos, arriesga su vida en este empeño..., pero les aseguro que teme encontrarlo, pues cuando dé con él, ya no tendrá nada que hacer.
Terminado su trabajo y recibida la paga, los obreros se van a la taberna, y luego completan la noche de esparcimiento de modo que tienen para toda la semana. Pero nuestro hombre culto es muy diferente. Se observa en él cierta desazón cada vez que alcanza uno de sus objetivos. Desea aproximarse a la meta, pero cuando llega, no se siente satisfecho. Esto es verdaderamente gracioso. Y es que el modo de ser del hombre es algo tan cómico como un buen chiste. En fin, sea como fuere, eso de «dos y dos son cuatro» es algo sumamente desagradable. Yo lo calificaría de procaz. «Dos y dos son cuatro» nos desafía con insolencia.
Con los brazos en jarras se planta en medio de nuestro camino y nos escupe al rostro. Admito que eso de «dos y dos son cuatro» es una cosa excelente; pero puesto a alabar, les diré que «dos y dos son cinco» es también, a veces, algo encantador.
Pero díganme: ¿en qué se fundan ustedes para estar convencidos de que sólo es necesario lo normal, lo positivo, el bienestar en una palabra? ¿Acaso la razón no se equivoca en sus apreciaciones? Es posible que el hombre desee únicamente el bienestar. Pero ¿no es igualmente ,posible que desee el sufrimiento? ¿Acaso el sufrimiento no podría ser para él ventajoso como el bienestar? El hombre, a veces, desea apasionadamente el sufrimiento: está comprobado. No hay necesidad de ir a consultar sobre este punto a la historia universal. Pregúntense ustedes a sí mismos; les bastará ser hombres para responderse, por poco que
hayan sufrido. Si quieren conocer mi opinión personal, les diré que es incluso inconveniente desear únicamente el bienestar. ¿Está esto bien?, ¿está mal? No lo sé. Pero es lo cierto que a veces resulta en extremo agradable romper algo. No es que yo defienda precisamente el sufrimiento o el bienestar: lo que defiendo es mi capricho, la LIBERTAD y lucharé, si es preciso, para que se me garantice.
Estoy seguro de que el hombre no renunciará jamás al verdadero sufrimiento, es decir, a la destrucción y al caos.
¡El sufrimiento!... ¡Pero si es la única causa de la conciencia! la
conciencia, a mi entender, es uno de los mayores males del hombre. Pero el hombre la quiere y no la cambiará por ninguna satisfacción. La conciencia es infinitamente superior a «dos y dos son cuatro». Después de «dos y dos son cuatro» no queda, evidentemente, nada, no sólo nada que hacer, sino incluso nada que saber. Lo único que podemos hacer entonces es obturar nuestros cinco sentidos y entregamos a la contemplación. Verdad es que con la conciencia se llega a un resultado idéntico, es decir, a la inacción, pero en ese caso podemos, por lo menos, darnos latigazos de vez en cuando, lo que vivifica un poco el espíritu.
La conciencia trae dolor y libertad ; por eso el dolor, la conciencia y la libertad son inseparables.
¿quién fue el primero que dijo, que proclamó que el
hombre comete villanías sólo porque no sabe ver cuáles son sus propios intereses, y que si lo ilustrasen, si le abriesen los ojos ante sus verdaderos intereses, ante sus intereses normales, dejaría inmediatamente de cometer villanías y se convertiría acto seguido en un hombre bueno y honrado, puesto que, ilustrado por la ciencia y comprendiendo sus verdaderos intereses, obtendría las ventajas que el bien proporciona? Como se sobrentiende que nadie puede obrar a sabiendas contra su propio interés, el hombre se vería obligado, por decirlo así, a hacer el bien. ¡Como un niño! ¡Como un niño puro e ingenuo!
Pero ¿acaso el hombre, en el curso de sus miles de años de vida en la Tierra, ha obrado siempre al dictado de su interés? ¿Qué haremos entonces de esos millones de hechos que atestiguan que los hombres, aún advirtiendo cuál es su interés, lo relegan a un segundo plano y siguen un camino completamente distinto, lleno de riesgos y azares? No están obligados a ello, pero parecen querer evitar la ruta que se les
indica y trazarse libremente, caprichosamente, otra llena de dificultades, absurda, oscura, apenas visible.
Ello prueba que esa libertad les seduce más que sus propios intereses... ¡Intereses! ¿Qué es el interés? ¿Se comprometen ustedes a definirme con toda exactitud en qué consiste el interés del hombre? ¿Qué dirán ustedes si un buen día se comprueba que el interés humano en ciertos casos puede, o incluso debe, consistir en desear no una ventaja, sino un perjuicio? Si es así, si puede presentarse el caso, todo se derrumba. ¿Qué creen ustedes? ¿Se puede presentar un caso semejante?
¿Están exactamente clasificados los intereses
humanos? ¿No hay algunos que no figuran ni pueden figurar en las clasificaciones formadas por ustedes?
Porque, que yo sepa, señores, ustedes han catalogado los intereses humanos de acuerdo con las cifras
medias de las estadísticas y de las fórmulas económico-científicas. Los intereses humanos son según ustedes, la riqueza, la tranquilidad, la libertad, etcétera. Tanto, que el hombre que rechace a sabiendas y ostensiblemente ese catálogo debe ser considerado, en opinión de ustedes , como un oscurantista, como un loco. ¿No es así? Pero he aquí algo muy extraño; ¿cómo es posible
que esos estadísticos, esos sabios, esos filántropos, dejen siempre a un lado cierto elemento en sus cálculos
de los intereses humanos? Ni siquiera lo tienen en cuenta en sus fórmulas, por lo que falsean resultados. Sin
embargo, no sería difícil introducir el elemento en cuestión. ¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué no lo
introducen para completar la lista? La dificultad procede de que dicho elemento es tan particular, que no puede encontrar sitio en ninguna clasificación ni inscribirse en ninguna lista.
¿Acaso no hay algo que es para todos nosotros más
querido que nuestros más altos intereses? Dicho de otro modo (para no violar la lógica), ¿no existe para
nosotros un interés (el que se deja de lado, ese del que acabamos de hablar) más interesante que todos los demás intereses, más alto que todos ellos, un interés por el que el hombre está dispuesto a obrar, si es preciso, en contra de todas las reglas, es decir, en contra de la razón, sacrificando a él su honor, su paz, su felicidad, todas las cosas bellas y convenientes, en una palabra, sólo por obtener una que es más querida
para él que todas las demás, una en la que ve su interés supremo?
«Sí -me dirán ustedes-, pero eso es también un interés...»
¡Permítanme! Voy a explicarme. No podíamos seguir adelante sin aclarar las cosas. Lo singular de ese
interés es que destruye las cosas. Lo singular de ese interés es que destruye todas nuestras clasificaciones y derriba todos los sistemas edificados por los amigos del género humano para la felicidad del hombre. En una palabra, es un estorbo, un obstáculo. Pero antes de decirles a ustedes cuál es ese interés, reflexionen, ustedes están convencidos de que la especie humana se acostumbrará a mejorar cuando se haya desembarazado completamente de ciertas malas tendencias, cuando el sentido común y la ciencia hayan reeducado completamente la naturaleza humana y la hayan orientado por un camino normal. Ustedes están seguros de que entonces el hombre cesará de errar deliberadamente y se verá, por decirlo así, en la imposibilidad de desear oponerse a sus intereses normales.
¿Por qué el hombre debe actuar según sus intereses, además cuales son los intereses humanos? esto es algo individual , existen intereses diferentes para cada ser ¿Qué sucede si me interesa a mi sufrir y ser un infeliz? ¿O acaso tengo que desear tener una vida prospera, pacifica, monótona, falsa y mediocre? No existen los intereses universales que correspondan a todos los seres.
Pero el hombre con voluntad fuerte, quienquiera que sea, aspira siempre y
en todas partes a obrar de acuerdo con su voluntad y no con arreglo a las prescripciones de la razón y del interés. Ahora bien, la voluntad de uno puede, y a veces incluso debe,
oponerse a sus intereses. Mi voluntad; mi libre albedrío; mi capricho, por insensato que sea; mi fantasía sobreexcitada hasta la demencia... Esto es lo que se aparta a un lado, éste es el precioso interés que no tiene espacio en ninguna de esas clasificaciones que componen ustedes y que rompe en mil pedazos todos los sistemas, todas las teorías.
¿De dónde se han sacado nuestros sabios que el hombre necesita voluntad normal y virtuosa? ¿Por qué suponen que el hombre aspira a poseer una voluntad ventajosa y razonable? El hombre sólo aspira a tener una voluntad independiente, cualesquiera que sean el precio y los resultados.
Ciertamente, si se logra descubrir la fórmula de todos nuestros deseos, de todos nuestros caprichos; es decir, de dónde proceden, cuáles son las leyes de su desarrollo, cómo se reproducen, hacia qué objetivos tienden en tales o
cuáles casos, etc., es probable que el hombre deje inmediatamente de sentir deseos. ¿He dicho «probable»? ¡No, es seguro! ¿Qué satisfacción puede proporcionarle desear solamente de acuerdo con tablas de cálculos? Pero aún hay más. El hombre descenderá inmediatamente a la categoría de una simple tuerca.
Porque ¿qué es un hombre despojado de deseo y voluntad, sino una tuerca, un simple engranaje? ¿Qué opinan ustedes sobre esto? Examinemos las probabilidades: ¿puede ocurrir o no?
«¡Humm -dicen ustedes-. Nuestros deseos son equivocados con gran frecuencia, porque nosotros nos
equivocamos en la valoración de nuestros intereses. Aspiramos a cosas inconvenientes porque nuestra
estupidez nos hace creer que pretendemos lo que nos conviene. Pero cuando nos lo hayan explicado todo, cuando todo se haya puesto en orden y fijado previamente (lo que es muy posible, pues es una tontería creer que ciertas leyes de la naturaleza van a ser siempre indescifrables), es evidente que ya no habrá sitio para los deseos. Si nuestra voluntad se enfrenta con nuestra razón, podremos razonar y no desear, ya que a un ser que razona le es imposible desear estupideces, ir conscientemente en contra de la razón, perjudicarse
a sabiendas... y como todos los deseos y todos los razonamientos podrán calcularse con anticipación, ya
que con toda seguridad se habrán descubierto las leyes de nuestra voluntad y sus deseos, será posible confeccionar una especie de deseos y desear ateniéndonos a ella.
Por consiguiente, me será posible calcular mi existencia con treinta años de anticipación. En una palabra, si tal cosa sucede, tendremos que limitamos a comprender. Y habremos de repetimos sin descanso que en esos momentos la naturaleza no se preocupa en absoluto por nosotros y que, por lo tanto, hemos de aceptarla como es y no como la vemos cuando la adorna nuestra fantasía,
Desde luego, la razón es una cosa excelente: de esto no hay duda. Pero la razón es la razón, y sólo satisface a la facultad razonadora del hombre. En cambio, el deseo es la expresión de la totalidad de la vida humana, sin excluir de ella la razón ni los escrúpulos; y aunque la vida, tal como ella se manifiesta, suela tener un aspecto desagradable, no por eso deja de ser la vida y no la extracción de una raíz cuadrada.
Yo deseo vivir dando satisfacción a todas mis facultades vitales y no únicamente a mi facultad de
razonar, que no representa, en suma, sino la vigésima parte de las fuerzas que hay en mí. ¿Qué sabe la razón? Únicamente lo que ha aprendido (nunca sabrá más, seguramente. Esto no es un consuelo, pero no hay que disimularlo). En cambio, la naturaleza humana obra con todo su peso, por decirlo así, con todo su contenido, a veces con plena conciencia y a veces inconscientemente. Comete algunas pifias pero vive. me repiten que a un hombre culto, al hombre
del porvenir, en una palabra, le es imposible desear deliberadamente lo que es contrario a sus intereses.
Esto es tan claro como las matemáticas. Estoy completamente de acuerdo: tiene una claridad y una exactitud matemáticas. Pero les repito por centésima vez que existe una excepción, que hay hombres que pueden desear lo que saben que es desfavorable para ellos, lo que les parece estúpido, insensato; hombres que obran así sólo por eludir la obligación de escoger lo provechoso, lo digno. Porque esa insensatez, ese capricho, es quizá lo más ventajoso que existe para nosotros en la tierra, sobre todo en ciertos casos. Incluso es posible que esta ventaja sea superior a todas las demás aunque sea evidente que nos perjudica y contradice las conclusiones más sanas de nuestro razonamiento. Y es que nos conserva lo principal, lo que más queremos: nuestra personalidad. Algunos afirman que esto es precisamente lo más preciado que tenemos. La voluntad puede querer a veces ponerse de acuerdo con la razón, sobre todo si no se abusa de este acuerdo, si se aprovecha moderadamente. Pero con gran frecuencia, incluso casi siempre,
la voluntad se niega obstinadamente a ponerse de acuerdo con la razón, Si me dicen ustedes que el caos, las tinieblas y las maldiciones pueden estar también calculados de
antemano y tan exactamente que este cálculo paralizará el impulso del hombre, y, por lo tanto, la razón triunfará una vez más; si me dicen esto, les contestaré que el hombre no tendrá ya más que un medio para hacer su voluntad: volverse loco.
Estoy seguro de esto, pues no cabe duda de que la mayor preocupación del hombre ha sido siempre demostrarse a sí mismo que es un hombre y no un engranaje. Arriesgaba en ello su existencia, pero se lo demostraba; vivía como un troglodita, pero se lo demostraba. Y, después de todo esto, ¿cómo no pecar, cómo no felicitarse de que no hayamos llegado todavía al papel de tuerca y de que nuestra voluntad dependa aún de no saben qué?
Ustedes exclamarán (si me hacen todavía el honor de lanzar exclamaciones) que nadie piensa privarme de mi voluntad, que sólo se trata de arreglar las cosas de modo que mi voluntad por sí misma, por su propia iniciativa, pueda acomodarse a mis intereses normales, a las leyes naturales, a la aritmética. ¡Pero díganme! ¿Qué quedará de mi voluntad cuando lleguemos a las frias tablas de cálculos, cuando no haya más que eso de «dos y dos son cuatro»? Dos y dos serán cuatro sin que mi voluntad se mezcle en ello. ¡La voluntad aspira, evidentemente, a otra cosa!
Ustedes pretenden librar al hombre de sus antiguos hábitos y corregir su voluntad adaptándola a las leyes de la ciencia y de acuerdo con el sentido común. Pero ¿están ustedes seguros de que
es necesario corregir al hombre? ¿En qué se fundan ustedes para creer que la voluntad del hombre requiere una educación? ¿Por qué creen que esta educación ha de serle útil? Y, para decirlo todo, ¿por qué están ustedes tan convencidos de que siempre es ventajoso para el hombre no ir en contra de sus intereses normales, reales, garantizados por el razonamiento y la aritmética? Esto no es, en resumidas cuentas, más que una suposición de ustedes. Incluso aunque una ley sea lógica, ¿es acaso la ley humana? Ustedes se
dirán que estoy loco. Pero permítanme explicarme.
Admito que el hombre es un animal esencialmente constructor, obligado a dirigirse a sabiendas a un objetivo, sea el que fuere. Si es un ingeniero, ha de trazar sin descanso nuevas vías en no importa qué direcciones. Pero quizá precisamente por esta causa siente a veces el deseo de salirse por la tangente. Lo hace no sólo porque está condenado a trazar caminos, sino también porque, por muy necio que sea el hombre de acción, comprende a veces que los caminos conducen siempre a alguna parte, y que no es su dirección lo que importa, sino el hecho de que lo conduzcan a un lugar determinado. Así, al hombre juicioso no se le ocurrirá despreciar su profesión de ingeniero y no se entregará a la pereza, la cual es, como todo el mundo sabe, la madre de todos los vicios. Es indiscutible que al hombre le encanta trazar y construir
caminos; pero también adora la destrucción y el caos. ¿Por qué?, Tal vez le gusten la destrucción y el caos (a veces le gustan; esto es indiscutible), porque tiene un temor
instintivo a alcanzar la meta y terminar el edificio que construye. ¡Vaya usted a saber! Acaso este edificio sólo le gusta de lejos. Puede ser que le guste construirlo, pero no vivir en él, y esté dispuesto a abandonarlo el hombre es un ser versátil, y es posible que, como al jugador de ajedrez, le guste sólo la acción, sin importarle el objetivo que se puede alcanzar. Y, ¿quién sabe?, acaso el único objetivo que persigue la humanidad consista en ese esfuerzo, en
esa acción; dicho de otro modo, tal vez la vida no tenga meta exterior, un fin , una orientacion.
Es decir, no hay una fórmula como «dos y dos son cuatro» , esta formula es un
principio de muerte y no un principio de vida. En todo caso, el hombre teme siempre a ese «dos y dos son cuatro», y yo también le temo.
Cierto que el hombre sólo se ocupa en la busca de ese «dos y dos son cuatro», cruza océanos, arriesga su vida en este empeño..., pero les aseguro que teme encontrarlo, pues cuando dé con él, ya no tendrá nada que hacer.
Terminado su trabajo y recibida la paga, los obreros se van a la taberna, y luego completan la noche de esparcimiento de modo que tienen para toda la semana. Pero nuestro hombre culto es muy diferente. Se observa en él cierta desazón cada vez que alcanza uno de sus objetivos. Desea aproximarse a la meta, pero cuando llega, no se siente satisfecho. Esto es verdaderamente gracioso. Y es que el modo de ser del hombre es algo tan cómico como un buen chiste. En fin, sea como fuere, eso de «dos y dos son cuatro» es algo sumamente desagradable. Yo lo calificaría de procaz. «Dos y dos son cuatro» nos desafía con insolencia.
Con los brazos en jarras se planta en medio de nuestro camino y nos escupe al rostro. Admito que eso de «dos y dos son cuatro» es una cosa excelente; pero puesto a alabar, les diré que «dos y dos son cinco» es también, a veces, algo encantador.
Pero díganme: ¿en qué se fundan ustedes para estar convencidos de que sólo es necesario lo normal, lo positivo, el bienestar en una palabra? ¿Acaso la razón no se equivoca en sus apreciaciones? Es posible que el hombre desee únicamente el bienestar. Pero ¿no es igualmente ,posible que desee el sufrimiento? ¿Acaso el sufrimiento no podría ser para él ventajoso como el bienestar? El hombre, a veces, desea apasionadamente el sufrimiento: está comprobado. No hay necesidad de ir a consultar sobre este punto a la historia universal. Pregúntense ustedes a sí mismos; les bastará ser hombres para responderse, por poco que
hayan sufrido. Si quieren conocer mi opinión personal, les diré que es incluso inconveniente desear únicamente el bienestar. ¿Está esto bien?, ¿está mal? No lo sé. Pero es lo cierto que a veces resulta en extremo agradable romper algo. No es que yo defienda precisamente el sufrimiento o el bienestar: lo que defiendo es mi capricho, la LIBERTAD y lucharé, si es preciso, para que se me garantice.
Estoy seguro de que el hombre no renunciará jamás al verdadero sufrimiento, es decir, a la destrucción y al caos.
¡El sufrimiento!... ¡Pero si es la única causa de la conciencia! la
conciencia, a mi entender, es uno de los mayores males del hombre. Pero el hombre la quiere y no la cambiará por ninguna satisfacción. La conciencia es infinitamente superior a «dos y dos son cuatro». Después de «dos y dos son cuatro» no queda, evidentemente, nada, no sólo nada que hacer, sino incluso nada que saber. Lo único que podemos hacer entonces es obturar nuestros cinco sentidos y entregamos a la contemplación. Verdad es que con la conciencia se llega a un resultado idéntico, es decir, a la inacción, pero en ese caso podemos, por lo menos, darnos latigazos de vez en cuando, lo que vivifica un poco el espíritu.
La conciencia trae dolor y libertad ; por eso el dolor, la conciencia y la libertad son inseparables.
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SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA
viernes, 29 de enero de 2010
La riqueza espiritual.
La riqueza material vale demasiado poco, pues la riqueza realmente valiosa, por ser escasa y más noble, es la riqueza espiritual.
En un mundo tan abundante y rico en cosas materiales lo más valioso es la riqueza espiritual, además esta nos pertenece y nos libera, en cambio las cosas realmente no nos pertenecen. La riqueza espiritual se adquiere mediante el esfuerzo de la voluntad, no se puede comprar.
Por riqueza espiritual entiendo el desarrollo de la inteligencia, la creatividad, la producción artística, los valores libertarios, la moral elevada basada es este mundo y en la gran cantidad de experiencias vividas.
La riqueza material de este mundo contrasta con la tristeza que genera ver la miseria espiritual de los que mas tienen, este es el principal factor de miseria espiritual de los desposeídos., “Pues si la aristocracia que dirige el mundo es mediocre los subordinados también serán mediocres”, la mediocridad de la masa es consecuencia de la mediocridad de los grupos dirigentes.
El ideal seria que no existan grupos dirigentes, pero no quiero ser idealista. La pobreza espiritual de los poderosos se traduce en una mayor pobreza espiritual de los pobres y débiles. ¿Si los que tienen los recursos materiales para ser libres son esclavos, como podemos pretender que los desposeídos sin recursos sean libres? Este es el inconveniente: ¿podemos iluminar al pueblo sino hay luz es los supuestos iluminadores, si estos no conocen el tipo de tierra en donde crece la libertad, quien podrá guiar al resto hacia el camino que conduce al paraíso terrenal que nos puede convertir en una humanidad libre?
Primero libérate tú, luego intenta liberar a los demás (si es que te quedan energías para semejante labor……)
Solo los ricos de espíritu pueden guiar a la humanidad hacia caminos de prosperidad material y espiritual. Los más ricos de espíritu suelen elegir la humildad material. Desconfiar de los que viven en el lujo y pretenden enseñar el camino que conduce a la libertad, el lujo y la inteligencia superior son enemigos. Tan enemigos como la extrema pobreza o indigencia y la sabiduría.
La abundancia de comida no demuestra la riqueza, sino que saber comer lo demuestra. Tener muchas cosas sirve muy poco, saber elegir las pocas cosas que necesitamos para ser felices y vivir bien es lo importante. ¿De que sirve el dinero? ¿Alguien conoce algo más inútil que una cuenta bancaria de varios millones de dólares? El dinero es un medio, nunca un fin. Un medio mas entre varios, el dinero en si, no vale nada, es demasiado inútil.
El sabio genuino desprecia el dinero y ama el conocimiento, le da poca importancia a las viles cosas pero le da mucho valor a lo que eleva al espíritu. Tú eliges miseria espiritual y prosperidad material o riqueza espiritual y humildades condiciones de vida.
Debemos ser espiritualmente elevados y económicamente humildes, seremos “ricos” y “pobres”, pero tendremos el orgullo de tener la riqueza que realmente es más valiosa, a saber, la riqueza espiritual.
Recuerden que es preferible la mas amarga de las verdades a la mas dulce de las mentiras. No te mientas más, el lujo y la abundancia de dinero vale demasiado poco solo proporciona un lamentable y efímero bienestar. preocúpate principalmente por enriquecer tu espíritu.
En un mundo tan abundante y rico en cosas materiales lo más valioso es la riqueza espiritual, además esta nos pertenece y nos libera, en cambio las cosas realmente no nos pertenecen. La riqueza espiritual se adquiere mediante el esfuerzo de la voluntad, no se puede comprar.
Por riqueza espiritual entiendo el desarrollo de la inteligencia, la creatividad, la producción artística, los valores libertarios, la moral elevada basada es este mundo y en la gran cantidad de experiencias vividas.
La riqueza material de este mundo contrasta con la tristeza que genera ver la miseria espiritual de los que mas tienen, este es el principal factor de miseria espiritual de los desposeídos., “Pues si la aristocracia que dirige el mundo es mediocre los subordinados también serán mediocres”, la mediocridad de la masa es consecuencia de la mediocridad de los grupos dirigentes.
El ideal seria que no existan grupos dirigentes, pero no quiero ser idealista. La pobreza espiritual de los poderosos se traduce en una mayor pobreza espiritual de los pobres y débiles. ¿Si los que tienen los recursos materiales para ser libres son esclavos, como podemos pretender que los desposeídos sin recursos sean libres? Este es el inconveniente: ¿podemos iluminar al pueblo sino hay luz es los supuestos iluminadores, si estos no conocen el tipo de tierra en donde crece la libertad, quien podrá guiar al resto hacia el camino que conduce al paraíso terrenal que nos puede convertir en una humanidad libre?
Primero libérate tú, luego intenta liberar a los demás (si es que te quedan energías para semejante labor……)
Solo los ricos de espíritu pueden guiar a la humanidad hacia caminos de prosperidad material y espiritual. Los más ricos de espíritu suelen elegir la humildad material. Desconfiar de los que viven en el lujo y pretenden enseñar el camino que conduce a la libertad, el lujo y la inteligencia superior son enemigos. Tan enemigos como la extrema pobreza o indigencia y la sabiduría.
La abundancia de comida no demuestra la riqueza, sino que saber comer lo demuestra. Tener muchas cosas sirve muy poco, saber elegir las pocas cosas que necesitamos para ser felices y vivir bien es lo importante. ¿De que sirve el dinero? ¿Alguien conoce algo más inútil que una cuenta bancaria de varios millones de dólares? El dinero es un medio, nunca un fin. Un medio mas entre varios, el dinero en si, no vale nada, es demasiado inútil.
El sabio genuino desprecia el dinero y ama el conocimiento, le da poca importancia a las viles cosas pero le da mucho valor a lo que eleva al espíritu. Tú eliges miseria espiritual y prosperidad material o riqueza espiritual y humildades condiciones de vida.
Debemos ser espiritualmente elevados y económicamente humildes, seremos “ricos” y “pobres”, pero tendremos el orgullo de tener la riqueza que realmente es más valiosa, a saber, la riqueza espiritual.
Recuerden que es preferible la mas amarga de las verdades a la mas dulce de las mentiras. No te mientas más, el lujo y la abundancia de dinero vale demasiado poco solo proporciona un lamentable y efímero bienestar. preocúpate principalmente por enriquecer tu espíritu.
sábado, 23 de enero de 2010
¿es bueno ser humilde , obediente y moralmente correcto?
La moral es justamente tan "inmoral" como cualquier otra cosa sobre la tierra; la moralidad misma es una forma de la inmoralidad.
El triunfo de un ideal moral es alcanzado, como todo triunfo, por los mismos medios "inmorales": violencia, mentira, calumnia, injusticia.
¿Cómo se logra domesticar al animal llamado ser humano? ¿Cómo se le inculcan valores morales y se lo hace actuar moralmente? la respuesta es: por medios inmorales , como la violencia, las mentiras, la represión, causando sufrimiento, mediante premios y castigos, en resumen, educándolos para que sean animales domésticos útiles y capaces de vivir junto a otros seres útiles, domesticados , moralmente correctos y obedientes.
¡Qué poco nos conocemos! creemos que existe gente buena y mala por naturaleza, creemos que existen las “esencias”, cuando todo hombre o mujer es el resultado de un proceso de domesticación que lucha contra los componentes de la naturaleza humana que tienen rasgos antisociales , es decir, la educación lucha ferozmente contra los instintos egoístas. Para convertir a los humanos en seres apacibles, justos, sobrios, modestos, respetuosos, delicados, decididos, castos, honestos, fieles, creyentes, rectos, confiados, resignados, piadosos, amables, concienzudos, sencillos, dulces, justos, generosos, indulgentes, obedientes, desinteresados, seres sin envidia, buenos, laboriosos y mediocres (en general esto es lo que busca la educación formal).
Según el sistema político, las características de la sociedad, se lo domesticara de determinada manera, siempre la educación depende de la sociedad. Responde a las demandas y necesidades de esta, su poblacion , sus lideres y sus instituciones.
¿Pero podemos pretender que la educación tenga otros objetivos que hacer a unos animales “inteligentes”, pero egoístas, seres “virtuosos”? ¿La educación podría tener otros fines que socializar y adaptar a las personas a vivir en sociedad? ¡Este es el problema! ¿Debemos sacrificar la individualidad para beneficio de la colectividad, o debemos reivindicar la individualidad para beneficio de la humanidad?
El triunfo de un ideal moral es alcanzado, como todo triunfo, por los mismos medios "inmorales": violencia, mentira, calumnia, injusticia.
¿Cómo se logra domesticar al animal llamado ser humano? ¿Cómo se le inculcan valores morales y se lo hace actuar moralmente? la respuesta es: por medios inmorales , como la violencia, las mentiras, la represión, causando sufrimiento, mediante premios y castigos, en resumen, educándolos para que sean animales domésticos útiles y capaces de vivir junto a otros seres útiles, domesticados , moralmente correctos y obedientes.
¡Qué poco nos conocemos! creemos que existe gente buena y mala por naturaleza, creemos que existen las “esencias”, cuando todo hombre o mujer es el resultado de un proceso de domesticación que lucha contra los componentes de la naturaleza humana que tienen rasgos antisociales , es decir, la educación lucha ferozmente contra los instintos egoístas. Para convertir a los humanos en seres apacibles, justos, sobrios, modestos, respetuosos, delicados, decididos, castos, honestos, fieles, creyentes, rectos, confiados, resignados, piadosos, amables, concienzudos, sencillos, dulces, justos, generosos, indulgentes, obedientes, desinteresados, seres sin envidia, buenos, laboriosos y mediocres (en general esto es lo que busca la educación formal).
Según el sistema político, las características de la sociedad, se lo domesticara de determinada manera, siempre la educación depende de la sociedad. Responde a las demandas y necesidades de esta, su poblacion , sus lideres y sus instituciones.
¿Pero podemos pretender que la educación tenga otros objetivos que hacer a unos animales “inteligentes”, pero egoístas, seres “virtuosos”? ¿La educación podría tener otros fines que socializar y adaptar a las personas a vivir en sociedad? ¡Este es el problema! ¿Debemos sacrificar la individualidad para beneficio de la colectividad, o debemos reivindicar la individualidad para beneficio de la humanidad?
martes, 12 de enero de 2010
No todo esta perdido, quedan esperanzas
Las morales y las religiones han sido los principales medios con los cuales se ha podido hacer del hombre lo que se ha querido, dirigiéndolo hacia determinados objetivos, haciéndole transitar por ciertos caminos y impidiendo el andar por otros senderos.
La moral cristiana y todas las morales que proponen la humildad como una de sus bases persiguen como "progreso" el "empequeñecimiento" y la domesticación del hombre. Dirigen a la humanidad al sometimiento a seres tan mediocres como los que obedecen, transforma en mediocres a los que dominan y a los dominados. En pocas palabras, nos llevan a la decadencia.
¿Pero hay otro camino? ¿Se puede proponer una moral que promueva el crecimiento y la elevación sin perjudicar a los demás? ¿Es posible dirigir al animal hombre hacia la potenciación de sus capacidades sin promover el egoísmo _ antisocial (o competencia) que impide todo accionar en conjunto y toda gran felicidad?
No se si es posible pero es hora de pensar en tomar otro camino antes de seguir empequeñeciendo y domesticando al hombre y a la mujer. ¡Intentemos una salida, usemos la creatividad y todo lo que queda de grande en la especie humana, la imaginación, el arte, la sabiduría de los grandes hombres del pasado y del presente, para construir así, la “gran humanidad del futuro”, para salvar así al mundo de la destrucción que genera el ser humano sobre el planeta tierra!
Solo así nacerá otra vez la esperanza de acercarnos al paraíso terrenal, solo creando nuevos caminos y puentes podremos superar los obstáculos que no nos permiten avanzar.
Llámenlo Revolución cultural, transmutación de valores, cambio estructural, transformación social radical o como me gusta llamarlo a mí: cambiar el mundo por AMOR A LA HUMANIDAD Y A LA TIERRA. Este cambio de dirección considero que es lo único que nos queda para superar la desesperanza que invade nuestros corazones y nubla nuestras mentes……….
La moral cristiana y todas las morales que proponen la humildad como una de sus bases persiguen como "progreso" el "empequeñecimiento" y la domesticación del hombre. Dirigen a la humanidad al sometimiento a seres tan mediocres como los que obedecen, transforma en mediocres a los que dominan y a los dominados. En pocas palabras, nos llevan a la decadencia.
¿Pero hay otro camino? ¿Se puede proponer una moral que promueva el crecimiento y la elevación sin perjudicar a los demás? ¿Es posible dirigir al animal hombre hacia la potenciación de sus capacidades sin promover el egoísmo _ antisocial (o competencia) que impide todo accionar en conjunto y toda gran felicidad?
No se si es posible pero es hora de pensar en tomar otro camino antes de seguir empequeñeciendo y domesticando al hombre y a la mujer. ¡Intentemos una salida, usemos la creatividad y todo lo que queda de grande en la especie humana, la imaginación, el arte, la sabiduría de los grandes hombres del pasado y del presente, para construir así, la “gran humanidad del futuro”, para salvar así al mundo de la destrucción que genera el ser humano sobre el planeta tierra!
Solo así nacerá otra vez la esperanza de acercarnos al paraíso terrenal, solo creando nuevos caminos y puentes podremos superar los obstáculos que no nos permiten avanzar.
Llámenlo Revolución cultural, transmutación de valores, cambio estructural, transformación social radical o como me gusta llamarlo a mí: cambiar el mundo por AMOR A LA HUMANIDAD Y A LA TIERRA. Este cambio de dirección considero que es lo único que nos queda para superar la desesperanza que invade nuestros corazones y nubla nuestras mentes……….
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